19 de diciembre de 2020

Pistis Sophia 53.7: Bibliografías en uso.

 

3-Reflexión carenada. La reflexión de hoy , a parte de las indicadas en los apartados anteriores, va a centrarse en dos vertientes bien definidas, siquiera en mi mente de patata.

a) Yahveh no es Cristo. ¡Ojo! Es un ente superior a nosotros, cosa universalmente posible, y ya está. Aunque moleste, Yahveh no se caracteriza por los profundos valores del Cristo que es mi gran referente ético y moral hasta donde sé o conozco.

b) Se me ha ocurrido remitirme al salmo 87 del Antiguo Testamento de mi Biblia de Jerusalén, especificado por el libro de Pistis Sophia, y he apreciado diferencias entre la Biblia de Jerusalén (ISBN 84-330-Q283-X y depósito legal BI-799-93 ,que compré hace años) y Pistis Sophia: (Colección Pegaso. SAMAEL AUN WEOR .Pistis Sophia develado. 2017). Donde Pistis Sophia es un libro que expresa lo siguiente respecto a sus derechos de autor: ...”Hoy por hoy mis queridos hermanos y por siempre, renuncio y he renunciado, y seguiré renunciando a los derechos de autor. ¡Lo único que deseo es que estos libros se vendan en forma barata, al alcance de los pobres, al alcance de todos los que sufren y lloran!¡Que el más infeliz ciudadano pueda conseguir ese libro, con los pocos pesos que lleva entre su bolsa! ¡Eso es todo!” (Guadalajara .México. 1976)

Centrándome en a) ,y a modo de ejemplo, Dice el Génesis 1 3 2 “...ha dicho Dios :No comáis de él, ni lo toquéis, so pena de muerte” ...¿Pena de muerte? Ya estamos. Yahveh les esta pidiendo que no se acerquen al árbol de en medio del jardín, que no prueben su fruta bajo la amenaza mencionada.

Esta disposición tan desagradable, a fin de cuentas una amenaza de muerte, no recuerdo haberla leído en ningún evangelio canónico del Nuevo Testamento. Puedo buscar más ejemplos de este Dios (Yahveh) que se apoya en la amenaza ,en el miedo, y en la prohibición. Si esta visión del Dios judío por antonomasia es ofensiva para alguien. Lo siento. Mi propósito no es ofender. Solo busco reflexionar respecto a lo que sé y, evidentemente, respecto a lo que conjeturo desde los textos (ideas externas y respetables), y desde mis ideas. De momento no está prohibido pensar ni opinar, aunque ambas cosas puedan comprometer la propia dignidad ante un ofendido peligroso.

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