25 de octubre de 2020

Pistis Sophia 48.1: La pirueta de Pedro.

 


Mi boca está llena de alabanzas; que yo pueda alabar la gloria de tu esplendor durante todo el día.

No me arrojes de ti en los días de mi vejez; si mi alma desmaya, no me abandones. Pues mis enemigos han hablado con maldad contra mí y aquellos que esperan por mi alma, se han aconsejado contra mi alma. Diciéndose entre ellos: Dios lo ha abandonado; persigámoslo y apoderémonos de él, pues no hay quien le salve. Dios apresurate a ayudarme. Que aquellos que calumnian a mi alma, sufran vergüenza y sean destruidos. Que la vergüenza y la desgracia envuelvan, a quienes buscan mi mal”.

Esta es , pues, la solución del segundo arrepentimiento que Pistis Sophia expresara”.

Desgraciadamente mis conocimientos esotéricos son mínimos. Así pues, solo entiendo que Pedro se remite a las antiguas escrituras para , recordándolas, incidir en el sufrimiento de David (tal como Sophia) y sus oraciones llenas de solicitud de protección, solicitud de ayuda, y solicitud de venganza contra sus opresores.

La pirueta de Pedro ha sido recordar una situación semejante de un David histórico con todos sus detalles.

En mi caso sigo sin entender una oración que pide destrucción, impotencia, oscuridad, hundimiento, ...para los opresores y/o agresores. Entonces: ¿Para qué sirve la idea de misericordia con los inmisericordes? No es que yo participe , con sinceridad, de la idea de la misericordia con los inmisericordes , entiéndase malos de facto, si no que no entiendo que discípulos del Cristo se dejen llevar por sentimientos tan bajos, rastreros, frecuentes, básicos y cuasi-perpétuos. No lo comprendo ni en iniciados. Quizás el texto resuelva esta duda mía más adelante. Una duda que está apareciendo en estos momentos en mi mente, pues me identifico con la idea de desearle el mal a los opresores, a los crueles, a los que causan daño a los demás y, evidentemente, a uno mismo Quizás me esté identificando demasiado con el texto, con las vicisitudes que narra, y con mis vicisitudes en la vida. Sobre todo cuando miro más allá de mi mismo, aunque parezca mentira.

Como en otras ocasiones tengo que expresar que entiendo estas lecturas desde uno mismo hacia el exterior. Soy incapaz de relacionar esta lucha con el universo interior que hay en cada uno de nosotros. No puedo digerir la idea de destruir los demonios interiores porque, sinceramente, ignoro la forma eficiente de hacerlo. El mantra krim , por ejemplo, me recuerda a una pomada sintomática que solamente alivia pero no cura. Siempre he pensado que es mejor domesticar, educar, o reeducar antes que disolver o eliminar. El mantra krim no es ningún herbicida. Los demonios interiores al final siempre te pillan. 



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