12 de octubre de 2020

Absurdo Justificado 5

 


Me atrevo a expresar estas palabras en base a lo que he aprendido aunque en estos momentos no pase de la clave de SOL o del mantra : Gate, Gate, Paragate, Parasangate, Body, Suaja. Un mantra que posiblemente se escriba de otra forma diferente a la tecleada. El mundo de los mantras, que pueden acompañar a una meditación, es gigantesco. Y la meditación más complicada es la que te lleva al vacío mental, hacia el no-pensamiento. Me refiero al mochao Zen. Una técnica aparentemente sencilla pero muy compleja de ejecutar.

Aunque sea un tipo rudo a nivel meditativo ,pues solo estuve practicando durante un año tres o cuatro veces a la semana, puedo opinar con conocimiento de causa histórico. Añoro muchísimo tener más sesiones de meditación, que espero recuperar en algún momento del futuro, cuando las condiciones vitales me lo permitan.

Respecto a la oración , que para mí es un tipo concreto de meditación religiosa que va acompañada de frases bellas dirigidas a los ángeles, a Dios, y/o a divinidades universales y locales – buda, cristos, dioses elementales, vírgenes, santos y santas-, también sirve mientras sea una oración constructiva y amable. Dentro de las oraciones aparecen posibilidades de adoración de entes perversos, con sus oraciones oscuras, pero no voy a entrar en esa tesitura pues es muy toxica y destructiva. No ha lugar en este entorno, y no estoy muy informado. No tengo interés.

Si rezan ustedes a algún santo, o virgen, o imagen del Cristo local , o elemental, piensen cosas buenas y pidan cosas constructivas para ustedes y para los demás. No olviden a los otros en sus oraciones o peticiones. Y esos otros pueden ser conocidos y desconocidos. Además estas oraciones pueden ser cuestión de culto puro o de doctrina. Ambos caminos, en tanto que pacíficos, son útiles. Uno lleva hacia una praxis constructiva, y otro hacia una praxis más moral e, incluso, metafísica.

En cuanto a la danza , también es una opción pero en mi caso hace años que no bailo aunque no puedo dejar de reconocer que cuando bailaba era más feliz. Estaba más tranquilo. Soltaba ponzoña y conseguía pensar en poco o en nada. El moverme al ritmo de la música y, puntualmente, pensar en una mujer hermosa y dedicarle el baile, llenaba toda mi atención.


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