12 de octubre de 2020

Absurdo Justificado 4

En esta pequeña saga de entradas emparentadas quiero incidir en la idea de paz interior. A mi entender se trata de una condición de desarrollo personal que es necesaria pero no es suficiente. Evidentemente, sería necesario que todos los seres humanos tuviesen y mantuviesen su paz interior. Si. Sería necesario. Es necesario. No puedo negarlo. Para mi es evidente.

Una de las ventajas de trabajar la paz interior es que el practicante toma conciencia de sí mismo y, con poco esfuerzo, de sus defectos, de sus demonios interiores, o de sus “daimones” internos (hermetismo) si no me equivoco mucho. La paz interior pasa , necesariamente, por reconocer que no somos santos ni demonios y, a su vez, sí que lo somos. Todo depende de las decisiones que vayamos tomando respecto a nosotros mismos, en el caso de la búsqueda de la paz interior- evidentemente-. Hay que tener claro que no somos tan buenos ni tan malos como pensamos. Generar la paz, o el conflicto interior, depende de nosotros y de las malditas circunstancias. ¿Cómo alcanzar la paz interior de la que escribo, y que tanto anhela mi querida compañera de camino?

Las herramientas básicas, que como toda herramienta hay que saber como usar, son a mi corto entender tres: meditación, oración y danza.

Estas herramientas de fomento de la paz interior presentan características diferentes pero pueden llevar a situaciones semejantes de gran calma, e incluso más allá de la calma . La meditación, que es oración cuando incorpora mantras o frases con peticiones o alabanzas, necesita un maestro de iniciación para no perderse o, a que negarlo, dormirse. Un guía , e incluso maestro, siempre será interesante en los comienzos y durante bastante tiempo, pues además de orientarnos en el camino nos proporcionará una rutina.

La meditación es más consistente cuando incorpora algún tipo de fe y si no la incorpora todo resulta más descafeinado, más vacío. Viene a ser, precisamente, como tomarse un café sin cafeína, o una cerveza sin alcohol, o agua caliente en lugar de una buena infusión de jengibre.

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