27 de julio de 2020

Normas de Tráfico 1

Tal como sucede con el asunto de las mascarillas y su uso, ocurre con la ejecución de cualquier norma social: siempre hay polémica. Inevitablemente. Una de las polémicas más desatadas, en mi mente de patata caliente-evidentemente-, es la falta de respeto a las normas de circulación de vehículos.

Una primera incidencia frecuente es la falta de respeto a las velocidades límite en las travesías o en otras zonas de restricción indicada mediante una señal de obligación y prohibición. Como no haya un radar declarado, la mayoría de los conductores se pasan la normativa por sus partes nobles u otros lugares. Me ha sucedido que hasta camiones me han dado ráfagas, han pegado su cabeza a mi culo, o me han adelantado. ¡Alucinante! ¡Creo que en una ocasión me pasó un monopatín eléctrico! Tengo que reconocer que he tenido miedo a padecer un alcance, y sufrir un accidente cuando hay limites temporales de velocidad inferiores a la velocidad máxima de la vía por la que circulo. Resumiendo, he tenido miedo a recibir un accidente de tráfico por respetar las normas de circulación, durante una limitación de velocidad en una travesía, atravesando una zona en obras con sus señales amarillas, circulando por dentro de un pueblo, incorporándome a una autopista que surge tras una bifurcación multicarril desde la pista que llevo de origen... ¡Penoso! En el último caso suelen indicar que no se circule a más de 100 Km/h mientras cada uno elige el carril nuevo que le lleva a la nueva pista, solo los camioneros respetan dicha restricción porque suele coincidir con su máxima velocidad de circulación, supongo.

Otra incidencia frecuente , que acontece en el cincuenta por ciento de los casos, es la inexistencia de la distancia de seguridad cuando recibes un adelantamiento. ¡Es de locos! Una de cada dos veces el coche que me adelanta pega su culo a mi morro como si fuese un pájaro sobre una rama. ¡Da pavor! No sé donde les han dado el carnet de conducir a estos conductores. Seguramente, en la tómbola de su pueblo o de su ciudad. No lo comprendo. Flipo. A ciento veinte kilómetros por hora, o más, muchos conductores realizan una maniobra arriesgada con una falta de respeto tremendo que, evidentemente, no entienden como tal pues se quedan tan tranquilos. En alguna ocasión he tenido que frenar un poco para no probar chapa y todas sus desagradables consecuencias, pues algunos entre algunos frenan al adelantarme, obligando mi frenada. ¡Ufff!

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