29 de febrero de 2020

Tercera Edad 9



Se pone en evidencia, nuevamente, que gestionar la idea ACAEDO es complicado. La atención y acompañamiento permanente de abuelos en su casa, que necesitan ayuda y cuyas demencias y achaques no están al límite, es un asunto complejo y económicamente viable. Es una cuestión llena de detalles y conjeturas interpersonales erróneas, y potenciales, que pueden complicar el trabajo en sí. Digamos que no es tal fácil como pueda parecer, ni tan caro como cabría suponer.

El poder de decisión ante los diferentes acontecimientos que suceden es complejo pues en ciertas ocasiones “el cuidado” no puede decidir , por ejemplo, cuando asearse pues depende de la asistencia externa y su horario. En otras ocasiones “el cuidador” no puede decidir en que puede gastarse “el cuidado” el dinero pues tiene más independencia económica que en una residencia de ancianos. “El cuidado” tiene más acceso a su dinero y , si quiere, puede ir al banco cuando le plazca. En las residencias pocos abuelos pueden salir a darse ,siquiera, un paseo. Esta es una cuestión muy significativa y real.

Está muy claro , también, que la amargura reina por doquier y es difícil evitar su dominio. La vejez y su deterioro implícito son la antesala del final del ciclo vital, aunque la muerte siempre acecha y puede llegar en cualquier momento. Los ancianos, sencillamente, tienen compradas más papeletas hasta que, inevitablemente, les toca el número negro.
Los recursos para compensar la amargura están muy relacionados con la evasión y la realización de tareas posibles. Aunque “los cuidados” han perdido cualidades de juventud, de la que suelen hablar maravillas en base a lo que podían hacer en esos tiempos, tienen la posibilidad de adaptarse a su límite superior mental y físico mediante actividades adecuadas y posibles. Es muy importante que sepan que pueden explorar sus nuevos límites e, incluso, que pueden disfrutados en plenitud. Esta exploración está muy relacionada con la realización de tareas e, incluso, con la búsqueda de nuevas aficiones y, en ocasiones, nuevas vocaciones.

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