29 de febrero de 2020

Tercera Edad 14


Bueno , considero que ya voy terminando esta secuencia de artículos bien intencionados y , a que negarlo, liberadores para mí. En el caso presente me pesa todo el daño que mi “cuidado” ha generado en el pasado a su familia, esposa, hijos y familiares, sin ser consciente de ello. Él se considera una buena persona. Una persona que ha sido muy trabajadora y responsable. Tiene una percepción impecable de sí mismo. Es, sinceramente, alucinante. Debería haberse divorciado de su esposa hace décadas, o haberlo hecho mi “cuidada” pero, evidentemente, no fue así y, si no se cambiasen elementos personales, volvería a ser a así pues ha sido una relación basada en el miedo, incluso en el terror, además de todos sus amigos próximos: envidia, codicia, celo, rencor, rabia, odio, amargura, ignorancia consentida o asumida, y dolor en general. Es muy triste que las relaciones de pareja terminen como esta con la que convivo. Es tremendamente triste. Reconozco que sería incapaz de soportar tanto odio, rabia, y dolor. Reconozco que el dinero ya no es suficiente , ante la falta de apoyo presente de los descendientes, y que iré de nuevo al paro , ese paro donde la miseria será mía o, con algo de suerte, la precariedad. Evidentemente, sin dudarlo, seguiré con mis proyectos constructivos, como el Careagua o mis libros, y en ciertos aspectos seguiré pareciéndome a mi “cuidado”. No enfocaré mi indignación hacia chivos expiatorios concretos y cambiantes en el tiempo, dado que los chivos se van en el proceso, si no al mundo en que vivo, hacia el sistema en que vivo, en que vivimos. Analizaré sus despropósitos y absurdos basados en anti-valores, antes que en valores. Los valores del mundo social de hoy son ciencia ficción distópica. Son pura distopía. El éxito económico o social están sobre-valorados. Son, desgraciadamente, y sin que yo esté a salvo de ellos, como la zanahoria del burro que da vueltas a la noria. Son metáforas malolientes.

Si hay cosas buenas en el mundo actual es porque sobreviven , aún, personas de buena voluntad que , sin esperar nada a cambio -quizás porque ya tienen lo que necesitan y la codicia les ha abandonado-, buscan realmente el bien ajeno antes que el propio. El voluntariado noble, o la profesión noble, son indicios de una realidad positiva que permite que este mundo sea más habitable. Una realidad positiva y constructiva que fluye dentro de la distopía reinante, o imperante. Aunque me queje mucho, no puedo negar que existen movimientos utópicos llenos de buena voluntad. Y personas utópicas llenas de empuje y tesón. Los aplaudo sinceramente desde este entorno gris. Y doy gracias por su existencia.

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