29 de febrero de 2020

Tercera Edad 13


Digamos que mi “cuidado” necesita una dosis de autoridad que yo no puedo ofrecer, pues soy un mojón maloliente para él. Por eso exploro otras soluciones para que reflexione, o si no le es posible, para que cambie de actitud por miedo a la policía.
Todos somos personas que deben ser tratadas con dignidad y cuando no es el caso, como ocurre en demasiadas ocasiones además de en esta, la autoridad debe intervenir. Lo ideal sería una toma de conciencia de lo que uno hace y sus consecuencias : pedir perdón y cambiar de actitud asumiendo la responsabilidad del error. Pero no suele ser lo más frecuente. El maltratador no asume responsabilidad alguna. Mi “cuidado” cuando le cuestionas su actitud, o comportamiento, se convierte en un perro rabioso donde el cuestionador que cuestiona es una presa sistémica, es un enemigo a destruir con todos los recursos disponibles, y una de esas herramientas puede ser dar pena y utilizar ese sentimiento como arma. Es cuestión de guerra. Todo este artefacto emocional , e incluso perverso, me obligará a marcharme , Dios mediante y presumiblemente, en verano o antes.

He de decir también, para que conste, que esta visión de aquel acontecimiento, junto a muchos parecidos y frecuentes, está sesgada por mi propia percepción de las cosas, de los acontecimientos que han surgido entre sujetos sometidos a la convivencia funcional, entiéndase nosotros, dado que los “cuidados” necesitan ayuda más o menos intensa ,y diferente, durante las 24 h del día.

Una de las ventajas de la idea que he llamado ACAEDO es la posibilidad de que los “cuidados” tengan animales de compañía en casa y en condiciones correctas.

Doy fe de que las mascotas , a parte de necesitar atención y tiempo, mejoran el estado de ánimo de los asistidos. Transmiten cariño y alegría casi incondicional y eso, que suele ser escaso en estas edades, contribuye a una mejora emocional ,muy evidente e importante, en el asistido o asistida.

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