29 de febrero de 2020

Tercera Edad 12


Me convertí con rapidez en su nuevo objeto de rabia desaforada. Meneando la cabeza, abriendo los ojos al máximo, comenzó a mover el cascanueces hacia mi, en esta ocasión parecía bailar break dance, y a mi pesar expresé:

-Como me pegue le pego. -cosa que realmente no pretendía hacer en absoluto pero no se me ocurrió otra frase en ese momento. Solo pretendía que se viniese a menos, que detuviese su actitud ante el miedo o temor a mi. Pero el comentario no funcionó. En ese momento, tal cual vaquilla rodada, me embistió con su silla , me retiré , y topó contra la cocina que al moverse precipitó un plato al suelo que se fragmento en infinitos trozos de amargura.

Ahora, tras consultarle a la trabajadora social , a mi compañera de camino, y a mi cuñada, tendría otro protocolo de actuación que, sinceramente, espero no tener que utilizar en el breve futuro que me queda: Llamar a la policía por intento de agresión de un marido a su esposa.

Evidentemente esta actuación me ha acercado a la calle , o al paro que es lo mismo, pues es vista exteriormente como una pérdida de control del cuidador, como una saturación , como una pérdida de perspectiva, como un síndrome de “quemado” que requiere mi marcha antes o después tras sumarla a más meteduras de pata. Entiendo esta visión desde la idea de “pena” hacia el enfermo, pero me parece exagerada en base al perfil de anciano maltratador “cuidado” que no es consciente de su mal comportamiento: un abuelo amargado, con una enfermedad muy dura ,que de vez en cuando intenta pegar a su mujer porque no se calla ni bajo el agua; y que es un santo mientras los demás somos monstruos de laboratorio. Pero, desgraciadamente, mi “cuidado” ,antes de su enfermedad, trataba más o menos igual a su compañera de camino. La historia es que hay precedentes históricos de mal trato físico , de agresiones a mi “cuidada”, que no se gestionaron porque no había mecanismos de control como los actuales. Dada la coyuntura actual no estoy dispuesto a tolerar la violencia física en las personas que cuido, y por eso he cambiado de actitud.

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