29 de febrero de 2020

Tercera Edad 16. FIN


Evidentemente, las otras compañeras realizan tareas muy duras, como dar de comer, limpiar y asear a los abuelos y abuelas, pero son tareas necesarias antes que suficientes desde el punto de vista de las necesidades psicosociales de los humanos de cualquier edad.

Y, para terminar, reconozco que estoy cansando de ser insultado, infravalorado, vilipendiando y otros “ados”. Al principio, como le decía a los descendientes de los abuelos que cuido, no tenía histórico y podía aguantar las embestidas sin problemas pero dos años dan para muchas palabras desagradables y crueles, para palabras sin piedad ni consideración, para acumulación. Reconozco que , ante todo, me sobrecarga el maltratador que, en muchos sentidos, es como un niño adulto con mala leche y alguna demencia reciente o antigua. La “cuidada” , mujer depresiva por narices históricas, se ralla algunas veces, y cuando está así mucho tiempo es difícil de llevar. Soportar su tendencia ha hablar mal de todo el mundo, o solo observar lo negativo de las personas y sus trabajos, es una tarea dura cuando es muy frecuente. He pensado en alguna demencia y se me ha criticado una actuación preventiva no ejecutada. Hablé con el médico de cabecera para que recetase alguna cosa a la abuela por si seguía en sus redundancias perpetuas, para ayudarla y ayudarnos. La sola idea de las gotas ha llevado a la abuela a un poco más de calma, y a una de las descendientes a la ruptura de su tolerancia ante mi decisión semi-autónoma. Ya no me quiere por aquí, y antes del verano me iré.

La pérdida de la confianza de una de los descendientes ha sido determinante. Le dirijo unas palabras a ella por si alguna vez pasa por aquí, cosa que considero casi imposible:

Gracias por tu franqueza pero escuchar demasiado a tu padre, tarde o temprano te pasará factura. "No pueden darse flores a los cerdos", y tu te esfuerzas constantemente en ser amable con él. Le exiges más a tu madre que a tu padre, y considero que se trata de un error histórico. Espero que cuando un servidor desaparezca del escenario no se enfoque contigo. Está amargado y sabe amargar. La enfermedad que tiene es muy cruel, y él ya lo era antes. Surge un problema de sumatorio. Lleva años de experiencia e, inevitablemente, ignorancia de sí mismo. Pero poco puede hacerse para que despierte y asuma responsabilidades emocionales. Debería pedir perdón por todo el dolor que ha generado, debería asumir responsabilidades , en lugar de culpar al chivo expiatorio de turno, como ha hecho siempre, como sigue haciendo con perversión. 
No creo que sea un problema de ignorancia. La ignorancia puede suponer grandeza de alma, pero no es el caso en absoluto, lo siento. Mucha suerte. 

Tercera Edad 15


Al respecto de este mundo de la asistencia a domicilio, donde participan empresas subvencionadas por los municipios que han ganado concursos o subastas, particulares pagados por los propios asistidos, familiares implicados hasta la médula, y residencias de ancianos de todo tipo y coste, tengo que escribir que puede regularse mucho mejor aún hacia el bien común, antes que hacia el de unos pocos. Puede enfocarse hacia un mejor reparto de los recursos económicos , y públicos, en juego.

Bien es verdad que hay leyes de dependencia que permiten que las instituciones públicas, comunidades autónomas y ayuntamientos en este caso, inyecten dinero pero ¿Qué se hace con ese dinero inyectado? ¿Qué uso recibe? ¿Tienen que ser empresas con ánimo de lucro las que ganen los contratos? ¿De verdad? ¿Si no hay lucro la cosa no funciona? ¿Cuánto se paga por el número de horas que se subvencionan para asistencia domiciliaria? ¿Cuánto ganan los intermediarios? ¿Cuánto ganan las trabajadoras , mayoritariamente, finales? ¿Por qué estas concesiones sociales funcionan con parámetros como la construcción de infraestructuras, o el mantenimiento de estas? ¿En qué se parece un edificio a un pájaro?

Evidentemente no tengo acceso a los beneficios de las empresas intermediarias, esas que ganan concursos y contratan a las trabajadoras de turno u oportunas. ¿Hay información?

Desde aquí pienso que la idea ACAEDO es realizable desde una empresa gestora que solo sea levemente comisionista, entre el 3 y el 5 % de los recursos en juego. Evidentemente ACAEDO estaría enfocada a personas con pocos recursos económicos, o ninguno , que deseasen seguir viviendo en sus casas o pisos y que necesitasen algo más que una persona a ratitos. Sin quitar importancia a esos ratitos, evidentemente.

También considero que las residencias de ancianos deben mejorar un poco más. Lo mejor que observé, de cara a la calidad psicológica de los abuelos, fue el trabajo de la terapeuta ocupacional y el de la fisioterapeuta, ambas contratadas cinco horas de lunes a viernes. Poco tiempo, a mi entender.

Tercera Edad 14


Bueno , considero que ya voy terminando esta secuencia de artículos bien intencionados y , a que negarlo, liberadores para mí. En el caso presente me pesa todo el daño que mi “cuidado” ha generado en el pasado a su familia, esposa, hijos y familiares, sin ser consciente de ello. Él se considera una buena persona. Una persona que ha sido muy trabajadora y responsable. Tiene una percepción impecable de sí mismo. Es, sinceramente, alucinante. Debería haberse divorciado de su esposa hace décadas, o haberlo hecho mi “cuidada” pero, evidentemente, no fue así y, si no se cambiasen elementos personales, volvería a ser a así pues ha sido una relación basada en el miedo, incluso en el terror, además de todos sus amigos próximos: envidia, codicia, celo, rencor, rabia, odio, amargura, ignorancia consentida o asumida, y dolor en general. Es muy triste que las relaciones de pareja terminen como esta con la que convivo. Es tremendamente triste. Reconozco que sería incapaz de soportar tanto odio, rabia, y dolor. Reconozco que el dinero ya no es suficiente , ante la falta de apoyo presente de los descendientes, y que iré de nuevo al paro , ese paro donde la miseria será mía o, con algo de suerte, la precariedad. Evidentemente, sin dudarlo, seguiré con mis proyectos constructivos, como el Careagua o mis libros, y en ciertos aspectos seguiré pareciéndome a mi “cuidado”. No enfocaré mi indignación hacia chivos expiatorios concretos y cambiantes en el tiempo, dado que los chivos se van en el proceso, si no al mundo en que vivo, hacia el sistema en que vivo, en que vivimos. Analizaré sus despropósitos y absurdos basados en anti-valores, antes que en valores. Los valores del mundo social de hoy son ciencia ficción distópica. Son pura distopía. El éxito económico o social están sobre-valorados. Son, desgraciadamente, y sin que yo esté a salvo de ellos, como la zanahoria del burro que da vueltas a la noria. Son metáforas malolientes.

Si hay cosas buenas en el mundo actual es porque sobreviven , aún, personas de buena voluntad que , sin esperar nada a cambio -quizás porque ya tienen lo que necesitan y la codicia les ha abandonado-, buscan realmente el bien ajeno antes que el propio. El voluntariado noble, o la profesión noble, son indicios de una realidad positiva que permite que este mundo sea más habitable. Una realidad positiva y constructiva que fluye dentro de la distopía reinante, o imperante. Aunque me queje mucho, no puedo negar que existen movimientos utópicos llenos de buena voluntad. Y personas utópicas llenas de empuje y tesón. Los aplaudo sinceramente desde este entorno gris. Y doy gracias por su existencia.

Tercera Edad 13


Digamos que mi “cuidado” necesita una dosis de autoridad que yo no puedo ofrecer, pues soy un mojón maloliente para él. Por eso exploro otras soluciones para que reflexione, o si no le es posible, para que cambie de actitud por miedo a la policía.
Todos somos personas que deben ser tratadas con dignidad y cuando no es el caso, como ocurre en demasiadas ocasiones además de en esta, la autoridad debe intervenir. Lo ideal sería una toma de conciencia de lo que uno hace y sus consecuencias : pedir perdón y cambiar de actitud asumiendo la responsabilidad del error. Pero no suele ser lo más frecuente. El maltratador no asume responsabilidad alguna. Mi “cuidado” cuando le cuestionas su actitud, o comportamiento, se convierte en un perro rabioso donde el cuestionador que cuestiona es una presa sistémica, es un enemigo a destruir con todos los recursos disponibles, y una de esas herramientas puede ser dar pena y utilizar ese sentimiento como arma. Es cuestión de guerra. Todo este artefacto emocional , e incluso perverso, me obligará a marcharme , Dios mediante y presumiblemente, en verano o antes.

He de decir también, para que conste, que esta visión de aquel acontecimiento, junto a muchos parecidos y frecuentes, está sesgada por mi propia percepción de las cosas, de los acontecimientos que han surgido entre sujetos sometidos a la convivencia funcional, entiéndase nosotros, dado que los “cuidados” necesitan ayuda más o menos intensa ,y diferente, durante las 24 h del día.

Una de las ventajas de la idea que he llamado ACAEDO es la posibilidad de que los “cuidados” tengan animales de compañía en casa y en condiciones correctas.

Doy fe de que las mascotas , a parte de necesitar atención y tiempo, mejoran el estado de ánimo de los asistidos. Transmiten cariño y alegría casi incondicional y eso, que suele ser escaso en estas edades, contribuye a una mejora emocional ,muy evidente e importante, en el asistido o asistida.

Tercera Edad 12


Me convertí con rapidez en su nuevo objeto de rabia desaforada. Meneando la cabeza, abriendo los ojos al máximo, comenzó a mover el cascanueces hacia mi, en esta ocasión parecía bailar break dance, y a mi pesar expresé:

-Como me pegue le pego. -cosa que realmente no pretendía hacer en absoluto pero no se me ocurrió otra frase en ese momento. Solo pretendía que se viniese a menos, que detuviese su actitud ante el miedo o temor a mi. Pero el comentario no funcionó. En ese momento, tal cual vaquilla rodada, me embistió con su silla , me retiré , y topó contra la cocina que al moverse precipitó un plato al suelo que se fragmento en infinitos trozos de amargura.

Ahora, tras consultarle a la trabajadora social , a mi compañera de camino, y a mi cuñada, tendría otro protocolo de actuación que, sinceramente, espero no tener que utilizar en el breve futuro que me queda: Llamar a la policía por intento de agresión de un marido a su esposa.

Evidentemente esta actuación me ha acercado a la calle , o al paro que es lo mismo, pues es vista exteriormente como una pérdida de control del cuidador, como una saturación , como una pérdida de perspectiva, como un síndrome de “quemado” que requiere mi marcha antes o después tras sumarla a más meteduras de pata. Entiendo esta visión desde la idea de “pena” hacia el enfermo, pero me parece exagerada en base al perfil de anciano maltratador “cuidado” que no es consciente de su mal comportamiento: un abuelo amargado, con una enfermedad muy dura ,que de vez en cuando intenta pegar a su mujer porque no se calla ni bajo el agua; y que es un santo mientras los demás somos monstruos de laboratorio. Pero, desgraciadamente, mi “cuidado” ,antes de su enfermedad, trataba más o menos igual a su compañera de camino. La historia es que hay precedentes históricos de mal trato físico , de agresiones a mi “cuidada”, que no se gestionaron porque no había mecanismos de control como los actuales. Dada la coyuntura actual no estoy dispuesto a tolerar la violencia física en las personas que cuido, y por eso he cambiado de actitud.

Tercera Edad 11


El primero es una pequeña redundancia que ya relaté cuando escribí sobre mis experiencias en las residencias de ancianos. Se trataba de una abuela que tenía las piernas con graves problemas de circulación y a la que tras estar varias horas gritando de dolor en las zonas comunes , situación tremendamente violenta, observé finalmente dormida en su silla con una mantita de colores sobre su regazo. La habían sedado.

El segundo es el procedimiento que usan con los residentes violentos cuando pegan a las trabajadoras: los atan sin pensarlo dos veces. Evidentemente los atan en lugares no comunes, o en dependencias privadas. Es un asunto bastante desagradable y, evidentemente, lo solapan como pueden. Pero forma parte del protocolo de actuación ante casos de violencia física de los ancianos.

El tercer caso es uno que me ha pasado no hace mucho a mí mismo. Un asunto que necesito liberar o, sinceramente, descargar en este entorno.
Uno de mis cuidados tiene brotes violentos con su compañera de camino , entre otras víctimas. Ella es algo densa y él salta a la mínima de cambio. Y eso fue lo que sucedió aquel día. Estábamos comiendo juntos, asunto que suele llevar monólogos tensos, y la riña verbal ganó fuerza física y violenta. En un momento determinado él cogió un cascanueces , que usa para abrir botes, y amagó con tirárselo a su esposa mientras la insultaba. Aunque el cuidado tiene ELA lenta, enfermedad muy chunga, puede moverse y lanzar objetos. Paralelamente al bamboleo del cascanueces, en oposición a cualquier danza clásica, movía su silla de ruedas para embestir a su esposa chocando con la mesa que los separaba, la mesa de la cocina. Dada la amenaza, que en otras ocasiones había dejado pasar, decidí intervenir verbalmente y, tal como era de prever, se enfocó en mí.

Tercera Edad 10


Para el asunto de la realización personal hasta el final del ciclo vital, para evitar la amargura, se pueden buscar referentes históricos de personas realizadas, y auto-realizadas, hasta el final de sus vidas. Personas que vivieron con ilusión hasta casi el último segundo, porque le habían dado sentido a su vida más allá, por ejemplo, del dinero. Recuerdo abuelos que ayudaban en Cáritas, en las campañas contra el cáncer, en los campamentos de Amigos de África. Abuelos docentes que dadan conferencias hasta el último soplo. Profesores vocacionales que nunca dejaron de estar en contacto con la educación y su mundo. Fundadores de religiones que dieron fe hasta casi el último suspiro. Maestros de fe muy respetables , y presumible-mente autorealizados esotericamente, como: Buda, Jesús, Mahoma, Zoroastro, Moisés, Galeno, Melquisedec, Samael, y muchos otros.

Conozco abuelos que siguen yendo a tomar café, aunque sea descafeinado, para hablar con quien se preste. Abuelos que hacen deporte moderado a diario. Bravo.
Para evitar la amargura sistemática y sistémica es necesario darle sentido a cada día, y este asunto no es fácil, pero sí es posible. En las residencias de ancianos gestionan este asunto las animadoras sociales , e incluso las fisioterapeutas, que realizan actividades conjuntas como: decoración, bingo, sesiones de ejercicios, bailes coordinados, etcétera.

En fin. Buscar la realización personal hasta el final es algo mayúsculo, precioso, pero existe un aspecto muy difícil de gestionar y que, inevitablemente, también forma parte de la asistencia domiciliaria y de la ACAEDO que defiendo. Este aspecto cruel es la violencia física. Es inevitable analizar la gestión de la violencia física del cuidado, del abuelo, o de la abuela, cuando llega. Por experiencia propia he observado brotes violentos, antes que verdes, que se apoderan de los abuelos , y que complican mucho su cuidado y la autoestima del cuidador, o cuidadora. Pondré varios ejemplos antes que uno para analizar su realidad.

Tercera Edad 9



Se pone en evidencia, nuevamente, que gestionar la idea ACAEDO es complicado. La atención y acompañamiento permanente de abuelos en su casa, que necesitan ayuda y cuyas demencias y achaques no están al límite, es un asunto complejo y económicamente viable. Es una cuestión llena de detalles y conjeturas interpersonales erróneas, y potenciales, que pueden complicar el trabajo en sí. Digamos que no es tal fácil como pueda parecer, ni tan caro como cabría suponer.

El poder de decisión ante los diferentes acontecimientos que suceden es complejo pues en ciertas ocasiones “el cuidado” no puede decidir , por ejemplo, cuando asearse pues depende de la asistencia externa y su horario. En otras ocasiones “el cuidador” no puede decidir en que puede gastarse “el cuidado” el dinero pues tiene más independencia económica que en una residencia de ancianos. “El cuidado” tiene más acceso a su dinero y , si quiere, puede ir al banco cuando le plazca. En las residencias pocos abuelos pueden salir a darse ,siquiera, un paseo. Esta es una cuestión muy significativa y real.

Está muy claro , también, que la amargura reina por doquier y es difícil evitar su dominio. La vejez y su deterioro implícito son la antesala del final del ciclo vital, aunque la muerte siempre acecha y puede llegar en cualquier momento. Los ancianos, sencillamente, tienen compradas más papeletas hasta que, inevitablemente, les toca el número negro.
Los recursos para compensar la amargura están muy relacionados con la evasión y la realización de tareas posibles. Aunque “los cuidados” han perdido cualidades de juventud, de la que suelen hablar maravillas en base a lo que podían hacer en esos tiempos, tienen la posibilidad de adaptarse a su límite superior mental y físico mediante actividades adecuadas y posibles. Es muy importante que sepan que pueden explorar sus nuevos límites e, incluso, que pueden disfrutados en plenitud. Esta exploración está muy relacionada con la realización de tareas e, incluso, con la búsqueda de nuevas aficiones y, en ocasiones, nuevas vocaciones.

Tercera Edad 8


Quiero remitirme , a modo de ejemplo, a los enfrentamientos que tuvo con las cuidadoras para expresar su estupidez argumental. El abuelo al que cuido se caga mucho en … y en las dos ocasiones las cuidadoras le dijeron lo mismo: Respete usted al señor, no diga esas cosas.
A una le respondió: yo me cago en quien quiera...y comenzó a hablar pestes de la cuidadora ; y a otra: que él estaba en su casa y que podía decir lo que le diese la gana, y comenzó a insultarla...La segunda cuidadora decidió dejar de venir y pidió que le cambiasen de servicio. La primera cuidadora dejó de trabajar en la empresa de asistencia y ahora va por libre.
Estas situaciones de choque son muy pesadas emocionalmente y, desgraciadamente, son relativamente frecuentes. Lo mínimo que me ha dicho, sin ser el único, ha sido: Bribón. ¡Que no haces ná! ¡Vete de aquí!...Pero por aquí sigo aún, aunque no me respete el abuelo. No supongo autoridad para él. Sinceramente, no ve, no escucha. Está cegado por su egoísmo, por sus frustraciones, por su dolor, por su visión negativa de las cosas. Es tremendamente infeliz.

Paralelo a este problema está el corolario de los descendientes del abuelo, o la abuela -que también sirve. Gestionar a los padres con apoyo de sus hijos es una delicia, gestionarlos con su indiferencia pesa un poco, pero gestionarlos con su oposición es indicio de marcha en breve. Esta relación de poder puede ser difícil de llevar, sobre todo cuando hay muchas discrepancias entre las tres partes expresadas: cuidado, cuidador y descendientes. Teóricamente deberían prevalecer las peticiones del abuelo, siempre y cuando el abuelo estuviese en condiciones de autogestionarse con ayuda; si no fuese el caso ¿Hasta dónde podría gestionar la casa el cuidador de forma autónoma? ¿Tendría que consultarle todo a los hijos o hijas? ¿Dónde estaría el equilibrio?