18 de diciembre de 2019

Residencia 8.3. Fin



Lo chungo de toda esta historia que estoy relantando hoy por partes, con el único ánimo de dar fe carenada, fue cuando me enteré de que Alma había muerto y no se lo habían dicho a sus amigas más cercanas , a sus últimas amigas en el camino de su vida. Parece ser que para que sus amigas no sufrieran camuflaron su muerte con esta proposición:
  • Al salir del hospital se ha ido con su hijo.
Parece ser que es lo frecuente. La muerte es casi innombrable en este lugar de espera, en esta estación hacia el tránsito final. La amiga lúcida de Alma se quedó con la noticia de que su amiga se había ido con su hijo, y ya está. Fue un embuste final justificado. Un “hasta siempre amiga” engañoso. Esta situación, parece ser que bastante generalizada, me lleva a unas palabras finales que están más allá de Alma y sus demonios, unas letras que tienen que ver con el sistema social en que vivimos.

Hay que reconocer que es tentador no hablar de la muerte en lugares en que puede ser la próxima estación del camino, alternada con el hospital.
Fuera parte de este tabú instaurado , por múltiples razones más o menos éticas, hay que decir que impide el concepto de una despedida digna. Es decir, dado que Alma era una mujer cualquiera, una mujer sin reconocimiento social, su final termina siendo ignorado entre personas que la quieren, como sus amigas. Pese a como era Alma , básicamente por sus enfermedades, no se realizó ni una oración en la capilla, ni una misa por su alma. No hubo una despedida religiosa ni emocional.

Está claro que una residencia no es como una nave, donde se despiden con un ritual a los difuntos. Tampoco es una iglesia, donde se reza por las almas de los que se marcharon y sus familias.
Curiosamente, si se muere una persona reconocida socialmente por el éxito, o por la posición, se entera hasta el papa. La mayoría de los seres humanos pasamos desapercibidos por el camino de la vida. Esta sociedad del éxito, sinceramente, es una engañifa.

Alma se merecía una despedida mejor, siquiera teniendo en cuenta a las personas que la querían y buscaban. La muerte en las residencias de ancianos se gestiona regular. Existen muchos rituales de muerte, solo habría que haber buscado uno válido. Está claro que la residencia puede ser la última estación, pero nunca será el tren. El tren te lleva hacia el otro mundo, hacia otro lugar desconocido. Creo que Dios , del que todos formamos parte, es misericordioso. Por eso pido por Alma. Descansen en paz, Alma, y su alma.

1 comentario:

  1. "Está claro que una residencia no es como una nave"

    No, ni como un plátano

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