18 de diciembre de 2019

Residencia 8.2


Intenté comprender qué le sucedía, porqué era así. Y cuando un día vi sus piernas me asusté. Tenía que tener infección si o si. Me acordé de mi apreciado Javi el Gordo, y de las consecuencias inevitables de tener unas piernas en esas condiciones. Eso tenía que dolerle sí, o sí. Alma no estaba bien. Estaba enferma y ya había ido al hospital con su problema sin solución, supongo.

Al respecto de su dolor un día fue tremendo. Sentada en las proximidades de la caldera se puso a gritar de dolor repitiendo esta frase, y sus variaciones, sin parar:

- Me estoy muriendo . Quiero que venga mi hijo. ¡Ayyy! ¡Ayyyyy!

Repetía lo mismo a grito limpio una y otra vez hasta que desapareció unos minutos de las zonas comunes para aparecer al ratito dormida en su silla y tapada con una manta liviana. La habían sedado y, sinceramente, era de agradecer para los demás, para nosotros.

Días después, un fin de semana para ser exactos, conocí a su hijo con el que no hablaba mucho. Estuvo toda la mañana en la residencia dando vueltas y coincidiendo, puntualmente, con su madre a la que no besó en ningún momento. Hablaron de juicios pendientes, de litigios, de cuartos y poco más. Esa escena se produjo en las proximidades de la zona de aseo, ese lugar donde limpian a los abuelos y les cambian los pañales. No se observaba mucho cariño entre los dos aunque Alma reconocía a su hijo y cantaba sus monólogos a sus amigas más apreciadas.
  • Comprate un coche bueno , hijo mio.
  • Si. Si. Mamá. Me voy a comprar un Hvesubio -entiéndase un coche de gama alta-.
En otra ocasión se produjo un principio de conversación con una residente nueva que acompañaba a Alma, y su fiel grupo de amigas, cerca de la caldera. La nueva intentó por activa y por pasiva conversar con Alma pero resulto imposible. Fue entonces cuando una de sus amigas hizo de intérprete semántica. Poco a poco , palabra por palabra, indicó a Alma lo que estaba diciendo la nueva compañera hasta que Alma pareció comprender. Me sorprendió la lucidez de la amiga de Alma. Fue una sorpresa, en base a mis prejuicios sobre ella. Ese día no me quedé para averiguar si la conversación continuó, o terminó en ese punto.

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