21 de diciembre de 2019

Pistis Sophia 46.1



Capítulo 33

Sucedió entonces, cuando Jesús hubo dicho estas palabras a sus discípulos, que les dijo: “Esta es la canción de alabanza que Pistis Sophia expresó en su primer arrepentimiento, arrepintiéndose de su pecado , recitando todo aquello que le ocurrió . Ahora, por tanto: El que tenga oídos para oír, que oiga”.

María se le acercó de nuevo y le dijo: “Mi señor, mi espíritu de luz tiene oídos y yo oigo con mi poder de luz; y tu espíritu que está en mi, me ha serenado. Escucha pues y que yo pueda hablar con relación al arrepentimiento que Pistis Sophia expresara, hablando de su pecado y de lo que le ocurrió. Tu poder de luz profetizó esto anteriormente a través del Profeta David, en el Salmo sesenta y ocho”:

María interpreta el primer arrepentimiento del Salmo LXVIII

Sálvame , oh Dios, pues las aguas llegan hasta mi alma.

Me hundo, o estoy ya sumergida en el cieno del Abismo, e impotente. He bajado a las profundidades del mar, una tempestad me ha sumergido.

He permanecido llorando; mi garganta está muda y mis ojos se han marchitado, esperando pacientemente por Dios.

Quienes me odian sin motivo son mayores en número que los cabellos en mi cabeza; fuertes son mis enemigos, que violentamente me persiguen. Me exigen aquello que no tomé de ellos.

Dios, tú conoces mi insensatez, y mis faltas no se te ocultan.

Que los que esperan en ti, oh Señor, Señor de los poderes, no se avergüencen por mi causa; que aquellos que te buscan no sufran vergüenza por mi causa. ¡Oh Señor, Dios de Israel, Dios de los poderes!

Pues por tu causa he soportado vergüenza; la vergüenza ha cubierto mi rostro.

Me he convertido en una extraña para mi familia, una extraña para los hijos de mi madre.

Pues el celo de tu casa me ha consumido; y las injurias de quienes te vilipendian han caído sobre mí.

La idea de arrepentimiento está muy latente en la conclusión del Cristo sobre las palabras anteriores de Pistis Sophia. Lo curioso de está idea, que también está presente en el nuevo testamento, es que para que pueda haber arrepentimiento debe producirse la suficiente claridad mental que lo permita. Es decir, habitualmente entre los pecadores, entiéndase básicamente todos, no existen distinciones claras entre la virtud y el pecado. O sea, no siempre está clara la opción correcta o moral en cada decisión que se toma en el camino de la vida, en el espacio tiempo de los acontecimientos.
He tratado a muchos bichos en mi vida, a parte de a mí mismo, y muchos de ellos, cuando son creyentes, no reflexionan, no ven, no captan, no perciben, están cegados por una bandera, por la tradición, por una proposición dictada por un ídolo humano manipulador. Ellos suelen llevarse por las ideas imperantes del sistema social vigente, una ideas que chocan repetidamente con la idea de lo correcto, con la idea moral correcta y cristiana, auténtica. Es, en resumidas cuentas, como si anduviesen ciegos por la vida y no se hubiesen dado cuenta. Se trata de un error de reflexión no detectado, que es muy frecuente. Demasiado frecuente.

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