21 de diciembre de 2019

Pistis Sophia 45.5



Pues ellos me han quitado la luz y mi poder ha empezado a cesar en mi y he sido destituida de mi luz.

Ahora y por tanto, ¡Oh, Luz!, que estás en ti y en mí yo canto alabanzas en tu nombre, ¡Oh, Luz!, glorificándote.

Que mi canto de alabanza sea de tu agrado, ¡Oh, Luz! ,como un misterio excelente que guía a las puertas de la Luz, a las cuales aquellos que se arrepentirán pronunciarán, y a los que la Luz purificará.

Ahora y por tanto, que todas las materias se regocijen; que te busque a ti toda luz, y que el poder de las estrellas que es en ti, perdure.

Pues la luz ha oído a las materias y no dejará a nadie sin haberlas purificado.

Que las almas y las materias alaben al Señor de todos los aeones, y que las materias y todo lo que hay en ellas lo alaben.

Pues Dios les salvará el alma de todas las materias y una ciudad será preparada en la Luz y todas las almas que se salven habitarán esa ciudad y la heredarán.

Y el alma de aquellos que recibirán misterios habitarán esa región y aquellos que hayan recibido misterios en su nombre, morarán en ella”.

Sophia sigue orando sin dilación. No deja de orar y pedir acompañando sus devociones con un arrepentimiento sincero tras su pecado, ese en que Obstinado la hizo caer.

En estos momentos el párrafo que pongo en negrita es el que más llama mi atención de manera significativa. Si la ciudad de la Luz termina tomando forma , o existe ¿Qué pasará con las almas que no se salven? ¿Dónde estará la idea de misericordia divina? ¿Dónde está? ¿Son así las leyes del cosmos? Es evidente que esta idea de las almas elegidas discrimina a las no elegidas. Es una configuración hipersocial que me resulta demasiado humana, demasiado habitual entre las sociedades de homínidos, demasiado histórica, demasiado primitiva, y no pretendo ofender a nadie. Digamos que es algo que no me cuadra en este párrafo, en la idea de salvación expresada en él.

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