16 de noviembre de 2019

Residencia 5


Ahora le toca el turno a Indala, la encantadora y servicial Indala. Se trata de una mujer recién jubilada que según los rumores reinantes está en la residencia para alejarse de cuestiones de droga y su mulas toas. Vivió mucho tiempo en un precioso pueblo de Almería , muy turístico, donde compartía su vida con su pareja de origen inglés, según cuenta ella misma. Vivió muy feliz hasta que su compañero de camino murió de cáncer, el cruel cáncer. Desde entonces poco tardó en solicitar una residencia, ignoro si por privado o subvencionada pues puede que sea una jubilada reciente. Quizás tenga sesenta y cinco años o algunos más, mañana se lo preguntaré.

Está un poco teniente, algo más que yo y mis egos o defectos, y hay que gritarle para que te entienda un poco. Ayuda con frecuencia a los compañeros llevándolos a un sitio u otro, al servicio, al comedor, a su habitación, a los churros, a pasear cuando hace buen tiempo. Con mucha frecuencia pasea por el interior y el exterior de la residencia muy reflexiva, fumando fuera, pensando dentro, con su paquete de cigarros, pidiendo cigarrillos a los fumadores, jugando con su lápiz , abrazando sus libretos de sopas de letras. Le encanta resolver las sopas y leer. Cuando está sentada puedes verla leyendo, o resolviendo las susodichas. No suele contemplar el paisaje y el paisanaje de las zonas comunes. El movimiento de todas las personas que circulan yendo y viniendo,e incluso a veces gritando, constituye para ella un simple ruido de fondo. “Ná”. Ella está mucho en su mundo.

Cuando se acerca a ti , después de saludarte, te suele pedir un cigarrillo mientras expresa una leve y tenue sonrisa que avellana sus ojos. Si le dices no, suele alejarse sonriendo aunque puntualmente puede contarte alguna de sus historias vitales.

La escena más bonita que contemplé fue una mañana de otoño, de esas preciosas, cuando uno de los coordinadores le trajo una caja con cosas que había recibido por correo. La abrió con gran ilusión cerca de su compañeros diciendo que se la había enviado una gran amiga. Una amiga a la que quería mucho. Cerca de la entrada, que he llamado invernadero en alguna ocasión, contemplé como exploraba el interior de la caja de cartón. Libros en ingles y español, sopas de letras, crucigramas, y múltiples paquetes de cigarros.

Indala acompaña a toda su condición interior un peso corporal de unos cuarenta kilos. Está delgada , tan delgada que un viento podría arrastrarla a donde él quisiera, tal como ha hecho el viento de la vida y sus circunstancias.  Fue el viento quien la trajo a la Mancha.

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