25 de octubre de 2019

Residencia 2.1


Hay muchos más habitantes en este lugar manchego. Unos están mejor y otros, desgraciadamente, peor. Pero como dice Latino: -¡Es lo que hay!

Aunque la otra mañana hacia falta una barcaza para entrar en uno de los aseos pues tenía una gotera importante , cosa absurda en un edifico de diez años de antigüedad que parece que tiene cincuenta y que ha costado algún que otro millón de euros, considero que es el momento de escribir sobre el transportista Mercurio, antes que sobre la razón de esta y otras goteras en un edificio nuevo. Flipo si pienso en qué ha pasado con el dinero que se pagó por estas instalaciones, pero sería una reflexión distinta a la iniciada en esta pequeña saga de sujetos con alma que viven relativamente juntos por necesidad.

Mercurio no tiene las piernas completas, pues se las han cortado desde las rodillas hacia abajo. Es madrileño de pura cepa y vivió muchos años cerca del centro de la capital. Ahora , mientras espera una plaza subvencionada por la Comunidad de Madrid, vive en esta residencia por razones puramente económicas. Aunque la residencia manchega está a más de cien kilómetros de la capital , le cuesta el treinta y tres por ciento menos que otra situada a sesenta kilómetros de su antiguo hogar.

Mentalmente parece lúcido y no le importa responder cuando se le pregunta. Con toda franqueza me ha comentado asuntos muy curiosos, cuento algunos sin falta: 
Durante muchos años fue al puerto de Sevilla a llevar camiones de segunda mano que iban hacia las Islas Canarias. Salía hacia el puerto de Sevilla, su jefe le daba un dinero estimado para diésel, y él procuraba dejar el carburante justo en el depósito para que no se lo robasen en la travesía, auténtica justificación de un sobre sueldo que ganaba antes que otra cosa. Humana tentación. Después de dejar el camión en el puerto volvía a Madrid en el Ave.
También cuenta que un familiar muy próximo tuvo problemas con las drogas, y tal circunstancia hizo muy infeliz a la familia. El drama de la droga es doloroso y parece no tener fin.

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