22 de octubre de 2019

Residencia 1


Por circunstancias de supervivencia económica y, paralelamente, por circunstancias vitales estoy yendo con frecuencia a una residencia de ancianos. Curioso sitio. Curioso y triste, siquiera para mí.

Dada la coyuntura, mi coyuntura, necesito expresar mis sensaciones acumulativas, diarias, frecuentes. Mis sensaciones emocionales dentro de un lugar de recogimiento y de exclusión familiar según los casos, según cada caso. Comienzo sin ánimo de molestar.

Puedo decir , sin lugar a dudas, que se trata de un lugar de la Mancha cuyo nombre no puedo mencionar , cuyos protagonistas debo respetar mediante el anonimato. Así pues, usaré nombres falsos para estas personas , o sujetos con alma. Escribiré sobre estos sujetos verdaderos con nombre cambiado, dada mi necesidad Carenada de escribir sobre el asunto. Gracias.

Latino es un hombre inmóvil, relativamente joven. Una persona con claras limitaciones de movilidad. Solo puede moverse con la silla de ruedas. Pese a su relativa juventud no puede andar pues tiene atrofiadas las piernas. Así que siempre va de un sitio a otro impulsado por sus brazos, o llevado por otros. En cuanto entablas conversación con él te cuenta su vida, a parte de pedirte alguna moneda para sus gastos, aunque si no se la das no pasa nada, no se enfada. Reconoce su vicio por las monedas, o por los cuartos. Se entretiene pidiéndolos y contándolos.
Su padre era un mujeriego que no quería saber nada de su madre, ni de su hermana, ni de él. Tuvo que salir de su país con su hermana y su madre para poder ser atendido hospitalariamente. Como los hospitales de su país dejaron de funcionar, y necesitaba una atención que ya no podían darle, ni ofrecerle, todos emigraron desde el caos. Dejaron su tierra atrás.

Y ,tal como nube negra existencial, tras pasar un tiempo en España le detectaron un cáncer a su querida madre, un cáncer que se la llevó sin piedad. Una vez fallecida su mamá, su hermana no quiso hacerse responsable de él. Según Latino, su hermana estaba loca y sigue loca. Lo aparcó en la residencia como a una colilla y no quiere saber nada de él.

Pese a su dura historia sonríe con facilidad y atiende las guasas sanas de algunos visitantes. Puedes verlo jugar con su botella de agua a contraluz, cerca de la entrada, cerca de los cristales . Puedes verlo jugar mientras se entretiene observado quien entra y sale. Viendo la vida transcurrir en su hogar compartido. Contando su vida a aquellos nuevos que pueden y quieren interaccionar con él. Evidentemente, las monedas le alejan un poco de los otros, aunque no del todo. Su vida es contraluz.

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