25 de agosto de 2019

Tribulaciones Campestres 2


Muchos pequeños productores se compran un tractor con la justificación de que van a trabajar ajeno y les compensará, aunque no sea así. Desde mi visión la mayoría no hace números si no que se deja llevar por las pasiones más bajas que manejan muy bien, por ejemplo, los vendedores de tractores en las distintas ferias agrícolas.

Se compran un tractor porqué pueden permitírselo aunque no lo necesiten de verdad. En la mayoría de los casos no hay estudio de necesidades ni de amortización antes , ni después, de la compra en cuestión.

Según he podido averiguar antiguamente una mula , un arado, y un mancebo araban una fanega local en un día de 10 horas aproximadas. La fanega es una medida que cambia según los sitios pues constituye mil cepas colocadas con mayor o menor densidad superficial. En la zona donde vivo actualmente esta unidad local , o fanega, viene a ser ¾ de hectárea.

Si el pequeño productor posee, por ejemplo, diez fanegas existirían medios técnicos, relativamente económicos alejados de la idea “tractor”, y relativamente cómodos, que permitirían cuatro pasadas al año , o cuatro arados completos, sin necesidad de pagar a plazos un tractor, ni llevar su costoso mantenimiento. Cuando un tractor entra en taller hay que despedirse, como mínimo , de trescientos euros. Tiemblo ante la falta de reflexión existente, siquiera basándome en mis observaciones, conversaciones y, evidentemente, juicios Carenados.

Otro asunto es cuando un propietario de viñas solicita que un ajeno le trabaje las tierras en los diferentes momentos del año. Está mal visto, o muy mal visto, que el propietario diga que gana dinero después de hacer los balances anuales de ingresos y gastos tras cada campaña. Existen unos precios de mercado por trabajo ajeno que , aparentemente, hacen que las viñas se mantengan y ya está. Tras mis averiguaciones existe un porcentaje de aparente beneficio que es relativamente fácil de calcular y que oscila entre el viente y el treinta por ciento de lo ingresado, pero nadie, nadie que contrate ajeno, reconoce esta circunstancia. Evidentemente, el porcentaje es un promedio de varios años consecutivos, y no es la misma cantidad neta el 20% de 2000 euros, que el 20% de 20000 euros. Aunque se trate de una cuestión de perogrullo, no suele ser considerada en las conversaciones. Hay mucho celo.

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