5 de enero de 2019

Valor Cero del Tiempo Ajeno

Por circunstancias de endeudado con un familiar muy querido, antes que con una entidad financiera cualquiera que no me habría dejado ni un euro, decidí pagar mi cuota mensual de devolución, hasta terminar la deuda, en cualquier oficina del banco vinculado con la cuenta de mi apreciado ser querido. Este asunto era gratis al principio pero , conforme fueron pasando los meses de pago de cuota, empezaron a ponerme trabas gratuitas, entiéndase que comenzaron a cobrarme comisiones o, ante su falta, comenzaron a no aceptar ingresos inferiores a seiscientos euros. Me indigné y, a continuación, flipé.

Poco a poco se ha hecho evidente, desde mi punto de vista -lógicamente- porque desde el punto de vista del banco la visión es bien distinta, que la entidad financiera no valora el tiempo de las personas que se acercan por la caja, ni las vicisitudes pasadas hasta llegar a la oficina de marras. Eso, de facto, le da completamente igual al banco, por no usar una expresión malsonante.

Independientemente de la competencia en el sector, donde hay una tendencia hacia la eliminación de cajas con operarios y su sustitución por cajeros automáticos modernos, no es muy razonable que se produzca una segregación física ante una caja con un humano detrás. Esto resulta de mala educación dado que lo que hay en juego son unos cuatro euros, que es el coste de una transferencia entre entidades bancarias distintas. ¿Toda esta parafernalia se ha tejido para que la entidad facture por transferencias interbancarias ? ¿De verdad?

Ahora, si o sí y en mi caso, tengo que pagar al banco cada vez que devuelvo mis doscientos euros mensuales. Resumiendo: Devolver el dinero a mi ser querido me va a costar 48 euros anuales más. Sinceramente, son unos avaros y no hay justicia con el débil. Usar la palabra ladrones me sabe a poco.

Si las operaciones con plástico van en aumento, y las operaciones con moneda física van a menos, solo vamos a favorecer que los bancos, y entidades financieras en general, se lucren cada vez más y sin límite dado que una transferencia interbancaria va a suponer un coste al ordenante, y un ingreso al banco, o a los bancos, o a las redes entre ellos.

Me parece deleznable que se infravalore tanto la presencia física en las sucursales bancarias. Parece que no quieren ni personas ni colas de personas que solo buscan ahorrarse algunos euros entre los pocos que tienen. Estas son cosas de pobres y, por contraposición, de oportunistas. Estas son cosas , como siempre, de bichos.