25 de enero de 2019

El descenso de Elisa 2/3


Ya habían transcurrido quince metros y todo seguía igual para Elisa. Ella continuaba bajando sin prisa, pero sin pausa. El vapor de agua inicial, que ella había generado en su descenso, ya había sido analizado por Ulises. Definitivamente, había presencia de vida bacteriana aunque estaba , según los datos, muerta no hacía mucho tiempo. Poco más podía hacer Ulises con sus recursos. Desde hacía horas ya no tenía vapor que analizar, pero seguía haciendo fotos de su entorno y analizando parámetros disponibles con sus sensores. Elisa ya estaba cubierta de hielo desde hacia un buen rato, y mantenía una cobertura de conexión correcta.

Como había sido calculado , si no había incidentes graves, Elisa terminó llegando al océano subterráneo tras treinta metros de descenso, y al llegar, efectivamente, el agua era salada. Asunto salado que no era ninguna sorpresa. Mantuvo la posición, comenzó a analizar la composición del agua, envió los resultados, y después , a través de Ulises, quedó a la espera de que Base Tierra diese los permisos para iniciar la siguiente fase. Elisa debería navegar y descender hasta el límite de cobertura con Ulises, y si perdía el enlace debería buscar la última posición con contacto para trasmitir toda la información conseguida en sus paseos.

Base Tierra estaba analizando los datos recibidos antes de autorizar la fase tres. Entonces, antes de la nueva etapa, ordenó tres redundancias en los análisis de las sondas, con limpieza previa de sensores. Base Tierra necesitaba redundancia en esos momentos, mucha redundancia antes de iniciar la fase más arriesgada de todas. Desde los principios de probabilidad se trataba de la fase más peligrosa, pues era la primera sonda submarina que iba a navegar en un mar extraterrestre.

En Tierra necesitaban redundancia porque había plancton en las muestras recogidas por Elisa. Pero un plancton que no tenía clorofila ni cloroplastos. Eran, si o sí, mixótrofos sin clorofila propia ni ajena, y no estaban precisamente muertos en la muestras recogidas. Este descubrimiento llevaba a un montón de preguntas. Es curioso como el conocimiento resuelve dudas y genera una multitud más. Parece como si saber fuese una gran paradoja.

En definitiva, había que esperar antes de iniciar la fase tres.

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