26 de octubre de 2018

El Sapo Manchego 2/2


Comencé a cerrar los portones y el sapo siguió yendo hacia fuera, hacia la calle.

- Tengo que irme -le dije. Son las nueve de la noche y quiero tomarme una cerveza.

Lentamente, para no aplastar al anfibio, fui cerrando la puerta y él fue yendo a la acera, a la calle, donde se quedó buscando el refugio de la esquina que hacen el portón con la pared que lo sujeta. El sapo se quedó en el rincón. Me fui y lo dejé arrinconado y contemplando la luz de una farola amarilla cercana y fluctuante. En la otra parte del portón cerrado quedó la luz de la luna alumbrando el corralazo. Ya había llegado la noche.

Me tomé la cerveza algo preocupado durante los primeros sorbos y fui a casa a ducharme y descansar. Solo cuando hablé con mi compañera de camino, a la que quiero un montón, fue cuando me di cuenta de mi error.

-¿Qué has dejado al sapo fuera? Pero si esa es su casa . Nació ahí. Podrías haberlo metido con una escoba.
-¿Con una escoba? ¿Y no le haré daño? ¿Parece tan frágil?
-Ya. No lo has cogido con la mano porque te da miedo.
-Si. Es verdad. ¿La escoba funcionará?
- Pues claro. Pobrecito el sapo. Al final lo va a atropellar un coche. Ya veras.
- Bueno. Espera. Aún hay solución. Se quedó en el rincón de una de las puertas. Seguro que todavía sigue ahí. Voy para allá . Son las once de la noche. Solo han pasado dos horas. Te cuento después por mensajería instantánea ( osea ,por wasapp).

Retomé el rumbo al corralazo para intentar salvar al sapo y cuando llegue al portón, tras unos siete minutos caminando, ahí estaba el sapo. Se encontraba en el mismo rincón , un poco más girado que cuando me fui, estaba mirándome a mi y a la farola fluctuante. Entré en el corralazo por una puerta pequeña de acceso peatonal , tomé la escoba más cercana, y abrí los portones otra vez. El sapo quedó en el mismo lugar y fue entonces cuando comencé a usar la escoba y, curiosamente, funcionó. Poco a poco, según le daba con suavidad en el lomo, fue moviéndose hacia adentro hasta superar la hoja del portón y quedarse dentro del corral , iluminado por la luna llena.

Fue entonces cuando ,mientras el sapo buscaba un nuevo refugio en la profundidad del corral que es su hogar , escuche una voz que me dijo en la distancia:

- Gracias , me llamo Gus.

Y , tras dichas palabras, quedó un silencio iluminado por la luna llena de un octubre extraño.

Mientras cerraba las puertas observe el deambular del sapo con pasos torcidos hacia un conjunto de piedras viejas. Envié el mensaje positivo , e instantáneo, a mi compañera , y me fui a dormir más tranquilo en mi conciencia, si es que tengo alguna.


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