30 de octubre de 2018

El Mundo, Hoguera de Vanidades


Hace unas semanas conversé con una amiga sobre la hoguera de las vanidades, y hace tres días volví a hablarlo con mi compañera de camino. La circunstancia de haber charlado sobre esta realidad en dos ocasiones, y recientemente, me lleva a expresar mi visión sobre ella en estas palabras que siguen.

Es completamente cierto que vivimos bañados en vanidad y aquel que no pueda expresar su vanidad, porque no tenga nada con que alimentarla, es , si o si, un fracasado. Evidentemente este asunto es muy sutil, muy permeable, muy cruel. No es que yo quiera pedir “café para todos”, no se trata de eso. Solo quiero pedir reflexión sencilla y actitud correcta para no entrar en la vanidad y sus consecuencias.

Antes de continuar expresar que no quiero ofender, decir que solo pretendo , como en muchas otras ocasiones, expresarme en libertad. Además, para evitar ambigüedades, la vanidad en sí no tiene porque considerarse como una consecuencia del esfuerzo, del potencial personal físico (futbolista), o mental (tipo inteligente, o listo, en los negocios o en otra cosa valuable ) ; expresar eso es un simplismo.

Vanidoso es el que se cree distinguido y superior a los demás de una u otra forma. Vanidoso es el cargo eclesiástico que dentro de la jerarquía es distinción y , sutilmente, superioridad. Vanidoso es el empresario de éxito al que no se le pueden refutar su claras ideas de éxito empresarial ni sus mentiras; un ejemplo: si digo que el objetivo de mi empresa no es maximizar beneficios es que no lo es, aunque después sí lo sea en la práctica. La mentira es hermana de la vanidad. Se aman.

Vanidoso es toda super estrella que ejemplifica el sueño del éxito, la hoguera de las vanidades de la superioridad dentro de nuestro defectuoso sistema. Vanidad y envidia son colegas desde siempre.

Evidentemente la vanidad también es muy amiga de la belleza socialmente valorada como la de muchos actores y actrices, aunque no todos. Algunos , y algunas, son valorados por su alta capacidad de interpretación.

Bien es verdad, también, que la vanidad no tiene nada que ver con la felicidad. Son cosas distintas, aunque parezcan próximas.

En un mundo humano lleno de singularidades bípedas ,con cerebro, es costumbre alimentar la vanidad , y otros grandes defectos o “pecados” capitales. La mega estructura social, y sutil, que inunda las sociedades de hoy está bañada en vanidad, se alimenta de ella, la busca, y la encuentra.

La vanidad que más me duele es la de aquellos que tendrían que ser sencillos de espíritu ,y formas, pero solo son vanidad de jerarquía , reconocimiento , distinción, paso egoico, y trato distinguido.

Es vanidad que haya seres que se consideran más importantes que otros en la praxis de las sociedades y las relaciones reales entre sus miembros. Es vanidad que todas las vidas no tengan el mismo precio, si es que tienen precio. Hay demasiada vanidad, estoy intoxicado de ella, le tengo alergia desde hace muchos años. No se si me dominará algún día. Espero que no.

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