24 de junio de 2018

Pistis Sophia 22: El día en que vino a nosotros.


El día que vino a nosotros

He aquí que te hemos enviado, por lo tanto, esta vestidura que nadie conocía desde el Primer Mandamiento para abajo porque la gloria de la luz estaba oculta en ella y las esferas y todas las regiones del Primer Mandamiento para abajo no lo han conocido. Apresúrate, por lo tanto, ponte esta vestidura y ven a nosotros. Para acercarnos a ti y vestirte por mandato del Primer Misterio con tus dos vestiduras , que existieron para ti desde el principio con el Primer Misterio hasta que el tiempo señalado por el Inefable fuese consumado. Ven pronto a nosotros para que te vistamos con ellas, hasta que hayas logrado el Misterio total de la perfección del Primer Misterio que es señalado por el Inefable. Ven pronto a nosotros para que te las pongamos de acuerdo con los mandatos del Primer Misterio. Falta aún un momento, un pequeño momento y vendrás a nosotros y dejarás al mundo. Ven, por tanto, pronto, para que recibas tu gloria completa que es la Gloria del Primer Misterio”.

Tras presentar este precioso documento, las tres vestiduras del Resucitado, esas que habiéndole sido concedidas les dan sus poderes, observo una insistencia en que ellas estaban esperando al Cristo, al maestro entre maestros, para darle sus poderes y ayudarle en su propósito, tarea, o misión. Un propósito muy relacionado con la perfección del Primer Misterio, con la perfección del Primer Universo del multiverso.

Dado que existen el multiverso exterior y el universo interior, es menester entender que la exploración y enseñanzas del Resucitado , ayudado por las vestiduras, van a llevar a los iniciados hacia enseñanzas exteriores e, inevitablemente, interiores.

Respecto al Primer Mandamiento, el primer mandamiento es Amar . 
Es Amar a Dios y , dado que todos somos parte de él, nos guste o no, todos tenemos la obligación de amarnos y él, inevitablemente, también tiene la obligación de amarnos a nosotros. La Pasión del Cristo es un ejemplo evidente del amor de Dios hacia sus hijos, hacia nosotros. Precioso equilibrio.



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