15 de octubre de 2017

Robar y economizar nos hace mediocres


Bueno. Desde este lugar virtual y tan aislado vuelvo a reflexionar un poco sobre los escritos de  mi apreciado Nietzsche. Retomando su libro llamado El Caminante y su Sombra aparece ante mí el aforismo 223 que expresa claramente lo siguiente:

« Todos los movimientos intelectuales logran éxito cuando tienen por resultado que los ricos vean la posibilidad de robar y los pobres la de economizar...»

Esta evidencia filosófica, siquiera para mí, deja claro que la parte intelectual del sistema que tenemos está muy bien desarrollada porque, evidentemente, permite con relativa facilidad que los ricos incrementen su riqueza y esa actitud sea bien vista. Incluso, sea un signo y un símbolo  de éxito personal. Este aspecto intelectual es tan poderoso que muchas personas luchan intensamente durante toda su vida por incrementar su riqueza progresivamente e imparablemente. Que muchas de ellas caigan en el camino y se arruinen , o que jamás alcancen el éxito de la amplia riqueza, no importa porqué es algo que no se ve. En los medios solo sobresalen , o brillan, aquellas personas que consiguen el éxito de una u otra forma. Y esta obsesión promocionada no afecta solo al dinero, si no que también afecta a la búsqueda del reconocimiento profesional ,académico, deportivo, etcétera.

La cultura del éxito, y su inevitable vanidad, refrenda totalmente este breve aforismo nietchiano. Esta realidad social autoinflingida me lleva a ciertas palabras y su sufrimiento: Lo que me molesta de esta inventada realidad, pues no es un absoluto, es que los pobres sigan existiendo y deban aguantar su garantizado sentimiento de fracaso vital o personal. Asunto tremendamente grave para un sistema que pretenda ser justo pues  , más allá del karma o del dharma, un sistema social no debe permitir la pobreza pues, aunque no lo parezca, la pobreza limita la libertad potencial de cualquiera de sus miembros. Y , sinceramente, la libertad , que no es libertinaje ni lo pretende, es una de las claves para la consecución de un mundo más justo. Hay que fomentar los valores humanos y domesticar los antivalores animales que todos tenemos: envidia, celo, lujuria, gula, vanidad, orgullo,... O disolver esos elementos que nos hacen bichos, esos antivalores, lo cual es un asunto que considero mucho más complicado.