10 de septiembre de 2017

Tras la sombra 5


Durante la proposición número cinco del aforismo 22 Nietzsche expresa: ...la comunidad prefiera igualar su poder de defensa con el del peligroso vecino y darle a entender que, desde ese momento, sus armas son equiparables a las suyas, por lo que no hay motivo alguno para no ser amigos.

Aquí mi apreciado y difunto filósofo viene a decir que somos unos fanfarrones , tanto nosotros como nuestros gobernantes demócratas o no, y que en base a ello , tal como hacen los machos de muchas especies, darse golpes en el pecho mejora las relaciones de vecinos enfrentados , en este caso , por el territorio. Esta proposición me recuerda el cacareo reciente entre el presidente de USA y el caudillo de Corea del Norte. Los golpes en el pecho entre ambos líderes pueden , en cierta forma, “encaminar la amistad a corto o medio plazo”. Este mismo comportamiento se dio , en cierta forma y manera, durante la guerra fría. USA y Rusia , parte importante de la antigua URSS, han quedado, desde entonces, razonablemente bien. No tenía sentido la destrucción recíproca, y ahora son amigotes. A la que no entiendo muy bien es a China, y su papel actual de amigote internacional.

Evidentemente, los amigotes que se reparten el mundo no tienen porqué estar de acuerdo en todo a nivel internacional pero, dada su prepotencia evidente y pública – o fanfarronería global-, USA y Rusia no se amenazan directamente como antes. Su fanfarronería les ha llevado a ser líderes mundiales que se reparten los designios de la humanidad. Algo absurdo, pero real. 

Desde una perspectiva Carenada fanfarronear es una actitud primitiva que debe desaparecer de la actitud de nuestros líderes auténticos, si es que existen o si es que son actitudes posibles a corto o medio plazo. Un fanfarrón no es más que un prepotente lleno de ego que no sabe controlarse ni dialogar. Es un tipo de individuo que no puede representar democracias de futuro, porque solo representará el egoísmo de su particular punto de vista , que aparentemente será el de sus representados, y todo sin tener en consideración a los demás seres humanos del planeta. El mundo no puede estar en manos de abusones de capa fina o gruesa. Es despropósito. Es dolor innecesario. 


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