10 de septiembre de 2017

Hermanas Justicia y Equidad.

Dentro del libro expresado en entradas anteriores existen muchos aforismos sin desperdicio. Muchos de ellos están emparentados con el mundo del derecho. Y el mundo del derecho, mundo de sofistas del siglo XXI , a mi corto entender, no es un “sabor” interesante para mí. Tengo que llegar al aforismo 31 para teclear un poco con estúpido frenesí.

...No hay justicia natural ni injusticia natural.

Guauuuuu. En primera instancia no tengo palabras para esta gran verdad. La justicia , como tal, es una idea preciosa , e incluso abstracta, donde se apoyan las vanidosas leyes del sistema social de turno. Reconozco que la justicia es una idea humana. Un ejemplo sencillo: la cadena trófica del mundo vegetal y animal no atiende a la idea de justicia. No creo que a un ciervo le guste que una manada de lobos lo cace, pero sí los lobos quieren subsistir necesitan la caza. Evidentemente, es algo injusto para el ciervo. Así pues si la especie humana, especie animal por antonomasia, quiere salir de su animalidad, siquiera un poco, son necesarios cambios sobre el estadio primitivo de nuestras sociedades actuales.

El macho alfa , o la hembra alfa, no puede decidir el futuro de la sociedad. La equidad global es la que debe priorizarse para intentar llegar , a través de ella, a la idea de justicia humana y social. Es Carenadamente necesario. Nietzsche lo deja claro en su aforismo 32: ...cuya máxima es “no hagas a otros lo que no quieras para tí” ...pretende que nos perdonemos muchas cosas que no estaríamos obligados a perdonarnos.

Lo mejor de esta última proposición nietzscheana es el significado intenso de la palabra perdón. Es de perogrullo que hay ciertas cosas que podemos perdonar , y otras que nos resultan mucho más difíciles. Ese, desde mi animal visión, es el problema del perdón. Uno puede controlar , más o menos, lo que hace a los demás pero cómo gestiona uno sus interacciones sociales con otros, esos que están ahí en mi espacio tiempo, que pasan olímpicamente de este tipo de consideraciones éticas de equidad. Volvemos de nuevo al asunto de los abusones, y la necesidad de su alejamiento pacífico del poder. Hay que ponerle el collar al perro peligroso y llevarlo a la perrera sin sacrificarlo (evidentemente). Matar al que mata nos hace iguales a él. Hay que evitar estas actitudes tan frecuentes en nuestras primitivas sociedades.