18 de agosto de 2017

Contemplación

Estaba a punto de llegar el amanecer. Ela se había anticipado al despertador un día más. Su trance matutino le resultaba sumamente estimulante. Amaba su protocolo y el desarrollo tempranero de su actividad favorita: observar el amanecer todos los días junto a su hija.

Ela era ya mayor pero había sido joven, y desde que tenía conocimiento se había levantado un buen rato antes que el sol. La razón de dicho hábito autoinflingido era fundamental para ella, y se lo estaba enseñando a su hija.

Tal como todos los días cogió la burra y el carro para dirigirse a su parcela favorita que estaba situada a media hora de camino. Llevaba en el carro asiento y desayuno, le acompañaba su hija Ela , la pequeñita.

El burro , que conocía el camino, siguió su ruta tal como un reloj atómico y llevó a las ocupantes del carro hasta la finca del Pino. Bajaron las butacas y una mesita y , antes de desayunar lo que acarreaban, se orientaron con sus butacas hacia el este y se pusieron a esperar con una botellita de agua a su vera. Bebieron juntas, casi sincronizadas, y esperaron el momento.

Madre, hija, butacas, y agua, quedaron orientadas hacia el sol que nacía un día más. Fueron bañadas por su luz creciente durante un tiempo infinito. Impregnadas y felices se mudaron a la sombra del Pino y meditaron sobre la nada, pues ante tamaño espectáculo no era necesario hablar sino todo lo contrario. El silencio verbal y mental dominaron a madre e hija durante ese tiempo en el espacio iluminado.

Cada mañana. Durante toda la vida de Ela, el amanecer era el momento que la animaba. Era el momento en que recargaba baterías de existencia, y la pequeña Ela estaba aprendiendo a hacer lo mismo. Comenzaba hasta a dominar la contemplación vacía del amanecer.

Después de la contemplación llegaba el momento del desayuno. Leche de termo, pan, queso, y mantequilla de cabra.  

1 comentario:

  1. Trump declara DEFCON 0 tras el anuncio de Carenado de ir a la Costa de Maine en un vehículo de un burro de potencia a contemplar el amanecer a diario y luego hartarse de desayunar mantequilla de cabra

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