26 de abril de 2017

Dioses medianos II

Ezequiel y Mondo se habían cansado de observar desde lo alto. Les apetecía ser venerados desde más cerca. En su espacio tiempo eterno común decidieron ser más alabados que hasta el momento. Inventaron la primera religión monoteísta. Ellos serían alabados y los bichos hombre, sus animales queridos de la granja planetaria, serían más felices. Los seres humanos centrarían parte de sus energías en alabar a los dioses antes que en pelearse entre sí, entre ellos.

La idea parecía buena y entretenida. La llevarían a cabo. La ejecutarían. Ezequiel y Mondo, amigos y dioses medianos, hilvanarían nuevas líneas de entretenimiento relacionándose de cerca con los mismísimos humanos y, evidentemente, humanas. Decididos y entusiasmados iniciaron sus relaciones próximas llenas de veneración hacia ellos. Cosa que les gustaba e incrementaba su gigantesca vanidad entre vanidades.

La granja redonda y planetaria llamada Tierra, como muchas otras granjas del universo, comenzó a ser visitada por los dioses medianos y, en este caso, aburridos. Mondo, en cuanto comenzó a tratar a las mujeres, se enamoró de una de ellas, o se obsesionó que también sirve. Siendo un dios entre los hombres se quedó prendado de Ramona. Se quedó prendado de su belleza en proximidad. Descubrió, para su felicidad, que no era lo mismo desde arriba que desde abajo. Por su parte Ramona no dudó mucho en corresponder a Mondo. Se enamoró de él, permitió el coito con sumo consentimiento y placer. Dejó que el dios entrase en su caverna con amor.

Sin esperarlo ninguno de ellos, dada su distinta naturaleza, Ramona quedó pronto embarazada. Ella fue madre y Mondo padre. Mondo se extrañó mucho de la gran compatibilidad entre humanos y dioses. Inevitablemente, casi por inercia, comenzó a dudar de su condición de dios frente a los considerados animales de granja. Estaba hecho un lío. No comprendía nada. El juego había dejado de serlo y se había convertido en realidad.

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