29 de enero de 2017

Hacia el mercadillo



Es posible que este pequeño relato sea algo redundante. Este entorno, para lo bueno y para lo malo, posee muchas redundancias desde que comenzó a funcionar. Hace ya unos añitos. Ha sabiendas de esta circunstancia inevitable, comienzo esta pequeña historia.

Eran las cuatro de la madrugada y la discoteca estaba agotada. Es decir, ya no había mujeres a las que contemplar quietas o en movimiento. Elle y el que escribe nos despedimos, y le comenté a mi amigo que había quedado a las siete y media de la mañana con Javi para llevarle las cosas al charco de la pava. Él, mi amigo,  aparte de sorprenderse lo consideró una locura pero entendió que era mi opción.

- Tu sabrás. -creo que dijo.

En base a esa decisión, y compromiso, dormí dos horas y pico y me presenté con el R4 frente a la puerta del portal de Javi que estaba, como siempre, esperando en la ventana de su habitación. Un lugar desde el que observaba , cotilleaba, y trapicheaba. Era la forma en que él utilizaba su tiempo. Alguna vez me comentó que desde ahí cazaba palomas para dárselas de comer a los perros. Nunca observé esa caza, aunque cerca de su ventana solía haber muchas migas de pan.
Entrar en el piso de Javi, por aquel entonces, era visitar un lugar nauseabundo y caótico.  No limpiaba con animales, o sin ellos.

- Quillo Javi. ¿Cómo puedes tener esto así?
- Da igual.
-  Vale. ¿Dónde están los chismes que quieres llevar al mercadillo?
- Allí.

Javi no era muy hablador , aunque puntualmente soltaba un pequeño discurso de alguna de sus historias desde su perspectiva. Le escuché dos o tres.
Tras llenar el coche de chismes como vídeos viejos, ordenadores antiguos, pantallas, impresoras, pdas, cintas de vídeo VHS,  radios, etcétera,...Se sentó de copiloto y cogimos rumbo. No recuerdo la conversación exacta pero rondó en torno al dinero que ganaba normalmente en los mercadillos.

- No gano mucho.

Fue su respuesta. Siempre era opaco en las cifras que manejaba en la venta de chismes. Ignoro las razones, aunque podía, y puedo,  imaginarme varias; una emparentada con la ruina  y otra con cierta vidilla económica no confesable a un transportista barato. No obstante, mis objetivos no eran económicos aunque solicitaba información para saber sí estaba haciendo el tonto en exceso.

Continuará.

No hay comentarios:

Publicar un comentario