21 de octubre de 2016

Dentro del Sistema 2

Las diferentes ideas sencillas y complejas, religiosas, filosóficas e, incluso, científicas, surgen de cualquier orden académico o no académico, y tienen una semilla. Una semilla desde la que pueden crecer nuevas ideas, y cuyo proceso, bien seguido, es infinito. Y expreso bien seguido ante el riesgo de que algunas ideas “chungas” nos lleven a la autodestrucción, momento en que se terminaron las ideas homínidas y sus cascadas secuenciales.

Es de perogrullo, aunque no lo parezca, que cualquier sistema social de homínidos, que quiera desarrollarse en el espacio-tiempo de las cosas, debe cuidar las ideas que percibe como sistema. Ante esa percepción tiene que elegir las que le gustan y, desde ese mismo lugar de aprendizaje y perfeccionamiento, debe desarrollar sus propias ideas como sistema social complejo. También es de perogrullo que esas ideas deben ser de caracter constructivo aunque, inevitablemente, algunas no cumplan ese requisito.

En consecuencia a lo argumentado hasta el momento, que no es algo nuevo ni lo pretende, se hacen necesarios sistemas constructivistas antes que segregacionistas, esclusivistas, o esclavistas, más o menos sofisticados.

En el tiempo histórico-homínido los sitemas han metido la pata muchas veces con ideas tóxicas o destructivas para cualesquiera homínidos. Y, desgraciadamente, siguen metiendo la pata constantemente con ideas inapropiadas o peligrosas para el sistema en sí, junto a sus miembros próximos y lejanos. Estupidez palpable e, incluso, evidente.

En un sistema de libre pensamiento, como en el que he vivido y vivo en este momento histórico, debería permitirse la libre circulación de ideas constructivas, pero no sucede así. ¿Por qué? Porque básicamente pensar o filosofar requiere replantearse el sistema continuamente, y lo que no es el sistema. ¡Hasta requiere replantearse la forma de vida de vez en cuando!

Cuando un sistema imperfecto no se replantea a sí mismo en el tiempo se convierte en dogmático. Y los dogmas, contra los que no tengo nada en contra sí son dogmas amantes de la paz, construyen un orden limitado y sesgado de la realidad. No son perversos en sí mismos , no se trata de eso, pero son bastante lógicos, estructurados, y limitados en ideas. Evidentemente, no puedo negar que los dogmas tienen mucho sentido humano y homínido. Se parecen, en cierta forma y manera, a los prejuicios que nos protegen socialmente pero no son suficientes para la felicidad de los miembros de la sociedad. Digamos que los dogmas son necesarios, y homínidamente muy lógicos, pero son insuficientes para mejorar cualquier sistema social y ético que se preste como mejorable en el espacio tiempo de las ideas.


Continuará