26 de septiembre de 2016

Cero

Epis tiene muchas hermanas, a cual de ellas más guapa. Una de ellas, en contra de su voluntad pero ayudada por su necesidad actualizada, vive aún con su madre y colabora en las tareas del hogar. Esas tareas rutinarias y perpetuas que, normalmente, no dan ni un euro y cuestan un montón de trabajo. Tareas como cuidar de los padres, cuando están enfermos, también suponen una gran carga de trabajo y, salvo que los abuelos te dejen cierto acceso a la cartilla , cero euros o muy cerca del cero.

La hermana de Epis , tal como Epi pero de otra manera, lo lleva regular. Con sus estudios básicos, consecuencia de la necesidad de colaborar en casa o aportar algo de dinero a la familia en el pasado antes de la burbuja reventada, y con el desempleo actual, antes que el paro, pues no para en casa, lleva como puede su situación. Llora y habla algo menos que Epis y , en desastrosa consecuencia, está cayendo en una depresión de caballo aunque ella no lo sabe. La depresión suele aparecer en cualquier momento aunque no suele avisar y , desgraciadamente, el silencio de la propia desgracia, o el victimismo silencioso, terminan pasando su factura. Pero claro, estas últimas frases son corolario de un animal que teclea, del autor de este texto patatero, de un animal precario próximo al precariado o, mejor, a la pobreza temporal antes que eterna.

La hermana, de Epis, colabora con su madre en la limpieza y orden del piso, en el abastecimiento, y en la cocina para ellas, incluyendo a Epis, y para las fiambreras del congelador. También, puntualmente, van juntas a limpiar pisos en negro, o en sumergido. La economía sumergida es muy criticada pero a bajo nivel, cuando se trata de cantidades mensuales que rondan los doscientos euros, es un trabajo digno sin derechos. Si fuese economía flotante no habría recursos en muchas casas que contratan esos servicios, pues cuando se habla de dar de alta se suele ofrecer una cifra, o esa misma cifra menos los gastos sociales. Siendo la precariedad lo más frecuente, la trabajadora suele optar por la cifra más grande. Normal.

No es que la madre castigue psicológicamente a su hija, sino más bien las vecinas y prójimos que con intención desconocida preguntan siempre lo mismo:

-¿Tienes trabajo? ¿Estás buscando? ¡Tienes que espabilarte!
- #Ya estamos...#


Continuará...