30 de septiembre de 2016

Trapa

No siempre se puede buscar el mejor sentido a la vida pues ella misma, quieras o no quieras, te lía. Y sobre estos asuntos de líos vitales sabe mucho Maro, un amigo de El Cano. Maro es ese tipo de persona que sin ser mala es trapa. Un perfil humano que puede apreciarse , incluso quererse, pero que no es claro o demasiado fiable en sus proposiciones. Suele decir Diego donde dijo digo. Tampoco se trata de que este perfil de personalidad sea el de un ladrón o algo parecido, no se trata de ese extremo. Se trata de que es un poco tramposo, o fullero. Cosa que le hace algo imprevisible en sus argumentos. Cuando te cuenta algo no sabes si es verdad, o si está mintiendo sobre un asunto importante para él pero no de vida o muerte para los demás. No tiene porque haber coherencia entre sus argumentos y los hechos en que participa, pero hay cierta semejanza o paralelismo.

Maro es alto y con sobrepeso. Sonríe con facilidad y chapucea de tal manera que su presupuesto mínimo siempre es de ochenta euros. Si el tajo es pequeño lo hace grande añadiéndole tareas . El Cano lo tolera como amigo porqué esa actitud le permite tener dinero y no pasar tantas penurias económicas como pasa él como artista sin reconocimiento. Ser una artista subcero tiene su precio en el día a día, y Maro paga las cervezas cuando queda con su amigo el Cano.

Aunque Maro se mueve en la vida sumergida, también se mueve en la vida subsidiada. Sabe encontrar equilibrio entre recibir alguna ayuda y realizar una chapuza buena cada dos días. Debe ser su sociabilidad pero los chapuces le llegan con relativa frecuencia, y no son chapuces de diez o veinte euros. El puñetero se da buena traza, o tiene buen Darma para el goteo de tareas. Tres chapuces a las semana, más o menos, de ochenta euros como mínimo cada uno, le dan unos ingresos de algo menos de mil euros al mes. Maro sobrevive en la crisis.  Para El Cano, Maro es el único chapucero que conoce con tan buenas cifras. Muchos otros ganan mucho menos. Pese a todo Maro no piensa darse de alta. Ganaría mucho menos desarrollando el mismo trabajo, o más. Cada cual sabe de sus cuentas sumergidas. Quizás sea cuestión de supervivencia.

29 de septiembre de 2016

Subcero

Aparte de la economía de la hermana de Epis, existen muchas otras economías tristes en sus cercanías, en sus proximidades.

Hasta el momento , durante estos relatos secuenciales, puede parecer que hay muchas personas que carecen de ambición en la vida. Evidentemente, esa condición solo pueden contemplarla los ambiciosos que, cómo es de perogrullo, la conocen muy bien, pues han luchado por sus ambiciones durante años de juventud e, incluso, de madurez. No obstante, elegir una vida ambiciosa o sencilla no es ni mejor ni peor desde la visión Carenada de las cosas, si no fuese así no podría hablarse, ni escribirse, sobre el precioso concepto llamado: Libertad.

Aclarado este punto, sigo contando. Epis conoce a muchas personas, pues es muy sociable y liberal. Una de ellas es un tal El Cano que, curiosamente, escribe historias y no las presenta a concursos. En su sino , y en su fuero interno, considera que concursar por todo es obsesivo y, para intentar hacerse comprender, recurre a una metáfora muy útil, o parrafada psicótica.

Supongamos que hay un concurso de flores, porque a los humanos se les hubiese ocurrido una competición para determinar la flor más bonita de mundo. ¿Cual sería la elegida? ¿Debería ser un asunto asambleario? ¿Debería ser un asunto de expertos floristeros y floristeras? ¿Debería ser un asunto de botánicos? ¿Quizás... un asunto de mujeres y homosexuales?
Es evidente que el sistema que tenemos montado llama a la competición, pero se convierte en un asunto lúdico, generalizado, y dirigido obsesivamente hacia muchísimas áreas humanas, animales, y de las cosas. Me parece, sinceramente, un error dentro del sistema. ¿Por qué tengo que competir sí solo quiero expresarme? Ya me leerán sí a alguien le parece interesante , o divertido, lo que escribo. El tiempo puede hacer milagros, y su contrario. El tiempo sabrá.

El Cano, inevitablemente, es un escritor pobre y sin reconocimiento social. Pese a ello continua escribiendo. Actualmente está buscando alguien que le financie sus necesidades e historias. Encima, por sí fuera o fuese poco, está endeudado. Su economía es subcero, pero no deja de teclear.


Continuará...

26 de septiembre de 2016

Cero

Epis tiene muchas hermanas, a cual de ellas más guapa. Una de ellas, en contra de su voluntad pero ayudada por su necesidad actualizada, vive aún con su madre y colabora en las tareas del hogar. Esas tareas rutinarias y perpetuas que, normalmente, no dan ni un euro y cuestan un montón de trabajo. Tareas como cuidar de los padres, cuando están enfermos, también suponen una gran carga de trabajo y, salvo que los abuelos te dejen cierto acceso a la cartilla , cero euros o muy cerca del cero.

La hermana de Epis , tal como Epi pero de otra manera, lo lleva regular. Con sus estudios básicos, consecuencia de la necesidad de colaborar en casa o aportar algo de dinero a la familia en el pasado antes de la burbuja reventada, y con el desempleo actual, antes que el paro, pues no para en casa, lleva como puede su situación. Llora y habla algo menos que Epis y , en desastrosa consecuencia, está cayendo en una depresión de caballo aunque ella no lo sabe. La depresión suele aparecer en cualquier momento aunque no suele avisar y , desgraciadamente, el silencio de la propia desgracia, o el victimismo silencioso, terminan pasando su factura. Pero claro, estas últimas frases son corolario de un animal que teclea, del autor de este texto patatero, de un animal precario próximo al precariado o, mejor, a la pobreza temporal antes que eterna.

La hermana, de Epis, colabora con su madre en la limpieza y orden del piso, en el abastecimiento, y en la cocina para ellas, incluyendo a Epis, y para las fiambreras del congelador. También, puntualmente, van juntas a limpiar pisos en negro, o en sumergido. La economía sumergida es muy criticada pero a bajo nivel, cuando se trata de cantidades mensuales que rondan los doscientos euros, es un trabajo digno sin derechos. Si fuese economía flotante no habría recursos en muchas casas que contratan esos servicios, pues cuando se habla de dar de alta se suele ofrecer una cifra, o esa misma cifra menos los gastos sociales. Siendo la precariedad lo más frecuente, la trabajadora suele optar por la cifra más grande. Normal.

No es que la madre castigue psicológicamente a su hija, sino más bien las vecinas y prójimos que con intención desconocida preguntan siempre lo mismo:

-¿Tienes trabajo? ¿Estás buscando? ¡Tienes que espabilarte!
- #Ya estamos...#


Continuará...

800

Guayabo, sin resolver su complejo de inferioridad económica y su ética afectada, no dejaba de tomarse su tapita de vez en cuando. Menos mal. En una de esas ocasiones de tapeo, demasiado poco frecuentes en los últimos años, tomó unas tapas con la mejor amiga de su mujer, cuyo nombre era Epistome.

Epistome, Guayabo, y esposa, tomaron tapas escuchando, básicamente, a la amiga. No era demasiado feliz y necesitaba ser escuchada como muchos de nosotros. Su vida no era plena. Aunque tenía trabajo remunerado, que no es lo mismo que trabajo puro y duro, su nómina siempre se terminaba antes del final del mes. Los ochocientos euros le resultaban demasiado cortos y breves. Algunos días tenía unas ganas gigantes de llorar intensamente. Era en esos momentos cuando tomaba la decisión de hablar con su madre, o llamar a su mejor amiga.

Epistome tenía que pagar un alquiler de trescientos euros, dar de comer a sus tres gatos llevándolos al veterinario cuando era preciso, no como otros, comer todos los días, cubrir los gastos de su coche que tenía que llevarle todos los días al tajo , situado en un pueblo de los alrededores de Sevilla, pagar la luz , el agua, y los seguros , tomarse unas tapitas de vez en cuando, comprarse ropa, y salir los fines de semana para flirtear con los hombres, y lo que no es flirtear con ellos. A Epis le gustan mucho los hombres y su cambio con cierta cadencia. Así entendía, y entiende, su felicidad sexual.

Epitome, mujer guapa de moño en coronilla, no llegaba nunca a final de mes. La última semana tenía que recurrir a su madre que, generosa, la ayudaba sin pedir nada a cambio. Madre.

Tras su historia compartida , sus amigos pagaron la “convidá” sin esperar devolución del detalle. A fin de cuentas a ellos las cosas les iban bastante mejor. Trabajaban los dos y estaban ahorrando. Ese gesto fue generosidad en aquel presente. Invitar sin esperar ser invitado. Invitar sin esperar ser invitados porqué podían. Eso fue lo correcto. Amigos.


Continuará...

23 de septiembre de 2016

7200

Bien es verdad que muchos asuntos, temas, e ideas, se repiten en este entorno gris cada cierto tiempo entre los bytes. En base a eso este es un entorno, en cierta forma y manera, un poco obsesivo. Para interrumpir esa cadencia indignada , tan frecuente en muchos medios de masas que repiten y repiten ideas o noticias hasta aburrir y convencer por repetición, se me ha ocurrido una secuencia de relatos cortos e impulsivos, a modo de improvisaciones en el espacio tiempo de la estupidez,  para darle ritmo a este mes de tecleo llamado Septiembre. Un mes lleno de actividades y gestiones, aunque siga siendo juzgado, sistemáticamente, como un vago, un flojo, y un parado. Eso es lo que hay y , sinceramente, es lo que me queda mientras continúe mi incomprendido camino. Una incomprensión  externa que unos días llevo mejor que otros. 

Comienzo una de las historias con que quiero impregnar este caluroso mes de septiembre.

Guayabo era un trabajador de una empresa pública que todos los días se levantaba a las siete de la mañana para ir a trabajar. Solo ganaba mil doscientos euros y , por lo menos, realizaba la jornada del tirón, o sin descansos largos más allá de la bendita hora del desayuno.

Guayabo era del sur, aunque podría haber sido del norte, y cuando comenzó a trabajar en la empresa era feliz. Era muy feliz. Pero cuando pasó el tiempo, ese que no perdona a nadie, sus ideas comenzaron a cambiar en el mundo de las comparaciones y el orgullo.  Envidias y celos comenzaron a ocupar su corazón y su mente. Comenzó a sufrir trabajando tras sentirse humillado, maltratado, minimizado... Él, junto a muchos compañeros, comenzó a sufrir por lo poco que ganaba en comparación con los jefes que estaban en la buitrera y no tenían que hacer tantos kilómetros de carriles como él y sus iguales.  A muchos de los mileuristas largos comenzó a dolerles que los jefes ganasen siete mil doscientos euros al mes, comenzó a pesarles mucho cuando conocieron las tareas que desempeñaban esos tan valorados cargos. Y encima, para un mayor dolor general, todo el dinero provenía de impuestos o servicios que , antiguamente, muy antiguamente, habían sido gratuitos.

Continuará

18 de septiembre de 2016

Estelas Fantasma



El viernes por la tarde observé, de nuevo, extraños aviones sobre el cielo. Me encontraba cerca de Zalamea La Real (Huelva) y pude ver perfectamente aviones en trayectorias cruzadas en cuadrícula con una estela tenue, y se hizo la luz en mi mente de patata cocida. ¡Sus mulas toas! Ahí están de nuevo y han encontrado la solución a las posibles quejas de la población sembrada.

- ¡La invisibilidad de las estelas!
- ¡Bravo!

En esta coyuntura ,a buen seguro patentada e incrementadora de mi paranoia, resulta mucho más difícil confirmar la siembra de cielos, y se convierte en algo más conspiranoico aún. A partir de este punto cualquier opinión al respecto es mucho más conjetura, fantasía, o imaginación, que antes. Las estelas eran demasiado evidentes y han resuelto el problema de la posible queja en la población. Ahora las estelas son invisibles y se han quitado las posibles quejas de la ciudadanía sembrada. Punto. Alucino ante tanta perspicacia ¡Jajaja ! ¡Qué inteligencia!

La semana pasada hubo un día que llovió tela marinera por Sevilla y alrededores, incluso por gran parte de Andalucía. Fue curioso observar por la tarde, cuando las nubes se fueron casi de golpe, nubes finas y en rejilla en el cielo. Qué cosa tan natural. No se veían los aviones cisterna, porque los aviones ya habían pasado, pero las nubes en forma de perfecta cuadricula eran evidencia total. ¡Flipé!

Este tipo de eventos me llevan a extrañas conjeturas y manipulaciones posibles sobre lo que sucede sobre las cabezas de los sevillanos, onubenses y, a todas vistas, españoles. A aquellos que estén realizando estas maniobras sin informar a las personas, que muy presumiblemente están pagando las facturas , tengo que dirigirles algunas palabras delicadas:

- Doy palmas ante vuestra estupidez. Agradezco vuestra psicopatía, y me duele que tengáis poder para tomar las decisiones que tomáis. ¡Vomito!

Ante tamaños despropósitos desinformativos tengo que escribir que mi especie, ésta que se cree superior a muchos otros entes o seres, es tristemente estúpida. Mis jefes y gobernantes universales, antes que locales, dan fe de ello.


Ya no puedo opinar sobre estos asuntos de siembra como antes. A partir de hoy, incluso hoy, ya pertenezco al gremio de los conspiranoicos asegurados. ¿Seré bienvenido?

Saludos desde la miseria. Ojalá vuestra superioridad sea normalidad. Me duele la enajenación mental de los jefes de los sembradores, sus psicopatías, y sus psicópatas. Me parece que hay demasiados psicópatas con poder. Es una pena. La enfermedad de los enfermos no debería tener poder sobre otros seres.

Posdata: Las imágenes de las estelas de arriba son del día 17 de Agosto de este año. Durante los incidentes conspiranoicos que narro en esta entrada, no me dediqué a fotografiar el cielo. Decidí ,solo, contemplarlo. El viernes del que escribo es el viernes 16 de Septiembre 2016.