12 de julio de 2016

Conversaciones en el Pantano I


Hace unos días compartí el fin de semana con Jacarandá y varios amigos. Entre las múltiples conversaciones inevitables durante la convivencia y degustación de viandas, surgieron varias conversaciones muy interesantes.


Una de ellas es la que va a dar contenido reflexivo, o irreflexivo que también sirve, a este entorno, a través de esta entrada patatera de hoy. Patatera, básicamente, por mi condición de animal que teclea en su infierno de bichos que intentan amar.
La conversación versó sobre la experiencia vital de una amiga cuando , por circunstancias de la vida, su familia se hundió en la clase social media-baja, o casi baja, cuando había estado en la clase alta. Esto fue lo que entendí. Esto fue lo que me perturbó:

-La familia de A con B, o A y B, estaba bien situada en los años sesenta del siglo pasado. B, la mujer, era ama de casa y pertenecía , junto a sus hermanos y hermanas, a una familia pudiente del sur andaluz. Tras el fallecimiento de A, esposo de B, B tuvo que ponerse a trabajar al límite para cubrir las necesidades de sus hijos y de ella misma. Cuando B cayó de clase social al perder a su amado, ninguno de los hermanos de ella insinuó ayudarla desde su posición de privilegio social y económico. La única ayuda sugerida, desde una de las hermanas de B, fue hacerse cargo de una de sus hijas, de la más graciosa. Punto. B dijo que no y crió a todos sus hijos e hijas lo mejor que pudo.

Este ejemplo de insolidaridad familiar me ha hecho dudar, y mucho, de la capacidad de empatía real de las clases altas del pasado y del presente homínido. Si la familia pudiente de B no fue capaz de entender que cuando falleció su amado esposo ,llamado A en este artículo, B necesitaba ayuda económica y demás, es inevitable expresar mi profunda preocupación. 

Dada la falta de empatía natural, por no llamarla de otra forma, de las clases sociales altas, o «superiores», se hace necesario que contemplen, de alguna forma pacífica, su penosa y egoica situación, su falta de ética y moral de carácter insolidario e , incluso, sanguíneo perturbado.

Tras escuchar y sentir esta situación es muy urgente restablecer un orden ético en nuestras sociedades. Un orden ético sin enfrentamientos bélicos, evidentemente.

¡La guerra no sirve para la liberación de los homínidos!  Solo somete voluntades con violencia y odio. Hay otros caminos. Hay que seguir buscando.


Se hace evidente que hay que buscar procedimientos pacíficos que eviten que los fuertes ,con carácter psicópata y egoísta -casi todos-, tomen decisiones económico-sociales que no son de su competencia por incompetencia de facto. No son de su competencia porqué solo crean pobreza ajena, clara incompetencia social de facto en los fuertes insolidarios.

¡Ya está bien del domino de los abusones!

Los abusones no deben guiar a nadie pues son incompetentes para ello, aunque ellos mismos, los abusones, no lo saben, no lo sepan.  Por eso mismo son psicópatas incapaces y no pueden tener poder sobre otros. No saben de justicia social. No saben de equilibrio. Solo saben de lo suyo.


Posdata: ¡Ojo! Presumiblemente aquellos que suben de clase social padecen el mismo problema de falta de perspectiva, o empatía. Me parece a mí que se trata de un mal de altura. Debe ser eso...Quizás sea miedo a ser arrastrado...