25 de mayo de 2016

Por Imperativo Fisiológico



Por cosas del destino, supongo, el otro día ,sin ir más lejos, me paró la guardia civil y , aunque no me guste escribirlo,me multó con cierta razón. Voy a escribir las circunstancias que rodearon el hecho de ley pues, sinceramente, fueron cómicas.

Este tipo de cosas las había visto en películas pero no me imaginaba que pudieran ocurrirme a mí, a Constantino Carenado, a un bicho con alma buena que respeta mucho el código de circulación, que se preocupa por la seguridad vial.

Eran las doce del medio día de un día primaveral, o sea hace poco. Había desayunado tranquilo en un área de descanso, realizado tareas de mantenimiento del vehículo, y me encontraba a unos doscientos kilómetros de Valencia. Al poco tiempo de salir del área noté cierta presión en la vejiga, pero no era muy intensa sino muy suave. Dado que había hecho pocos kilómetros hasta ese momento decidí esperar un poco, y al recorrer unos cincuenta kilómetros más de la autovía vi ,a mi derecha, una nueva área. Pensé un poco, revisé mis alarmas corporales, y consideré que aguantaba hasta la próxima área, unos cincuenta kilómetros más.
El tiempo y los kilómetros fueron pasando tranquilos hasta que de repente lo que antes era una ligera presión comenzó a ser mucha. El nuevo área, evidentemente, comenzó a estar más lejos cada vez. Más lejos en kilómetros y tiempo. Lo segundos fueron minutos, y los minutos horas.
- ¡No puedo! -me dije.
-¡No llego! - también.
En esto apareció un indicador vial dictando que la próxima área estaba a tres kilómetros. ¡Tres kilómetros! Cuando iba llegando, tras modificar las condiciones del espacio-tiempo que paralizaron el indicador diésel de la furgoneta,  el área de descanso no estaba paralelo a la vía, sino en otra ubicación tras varios caminos y rotondas.
-¡Qué no puedo! ¡Qué me meno! ¡Qué me meno!
Salí de la autovía.  Tracé la primera rotonda. Subí un puentecito y al bajar noté que la próstata no podía aguantar la presión. Sentí que estaba goteando e iba a orinarme encima de los pantalones, y del sillón.
-# ¡Eso no!¡ Eso no! - grite dentro de mí.
Paré a la derecha de la carretera que llevaba al área, y dejé la linea continua del  arcén a la izquierda de la furgoneta para que no impidiese la circulación, para que no estorbase. Descendí corriendo y miccioné con tal intensidad y lugar que , como si fuese Mister Been -o como se escriba-, me manché los tubos de los pantalones . Son las cosas de orinar en el asfalto.
Subí a la furgoneta y tras restregar los tubos con pañuelos de papel los impregné con una colonia añeja que llevo en la furgoneta para buscar buenos olores en el interior del vehículo, o buenos olores en general. Cuando me dispuse a salir, apareció por detrás la guardia civil con las luces encendidas y, disciplinado y directo, un agente se bajo para pedirme la documentación.

- Buenos días.
- Buenos días.
- Usted no puede estar aquí.
- He tenido que bajar a orinar. No podía aguantar.
- Tiene un área aquí al lado. Puede usted darme su carnet de conducir.
- Si, tome... Es verdad. No me ha dato tiempo a llegar. Es la verdad. Si quiere le enseño la micción en el borde de la carretera. Me iba a orinar en el sillón.
- Tiene un área aquí al lado.
- Lo sé. Lo sé. No me daba tiempo.

La conversación siguió por los mismos derroteros, incluso variaciones de incontinencia o algún problema fisiológico. También llegó a preguntarme qué a dónde iba. Le dije que iba a Valencia y estaba ahí buscando el área al que no había podido llegar. Cuando apareció con la multa le dije medio en broma , medio en serio: - ¿Puedo firmar en el documento que fue por imperativo fisiológico?
No se rió, ni se ofuscó conmigo, pero me dijo que los camioneros, para evitar estos problemas, usaban botellas. Argumentó que no era de mucho decoro orinar en una botella y que había que evitarlo.


¿Qué dice el código de circulación ante estos eventos?
¿Si uno no planifica bien las paradas tiene que hacérselo encima?
¡Debe haber alguna solución constructiva!
¿Botella de emergencia para los varones?
¿Y para las mujeres?


Posdata 1: Cuarenta euros tendré que pagar si pago pronto, y con cierta consideración del agente, según parece. Gracias desde aquí. A partir de ahora me pararé más a orinar. Mis acompañantes van a odiarme. ¿Tendré incontinencia, o fui muy bruto? 
Posdata 2: Ha sido la micción más cara de toda mi vida.