24 de abril de 2016

La Lujuria y el Fractal



Bueno. Dicen que lo prometido es deuda, así pues comienzo por el primer pecado capital que, curiosamente, es uno de los más incómodos para mí. Espero no comenzar la casa por el tejado.

Evidentemente, dada las múltiples visiones sobre la lujuria muchas veces enfrentadas, es menester que aquellas personas sensibles que pasen por aquí no continúen leyendo este documento de hoy. Lo comento para no herir sensibilidades. Gracias.

Me resulta curioso que en pleno siglo XXI tenga que tener cuidado, y mesura, al escribir sobre este tema. Es, sinceramente, una pena. Sobre todo cuando solo pretendo transparencia y franqueza con un toque razonable de educación no reprimida.

Antes de ver la lujuria en mi y en los demás, quiero definir que la idea de lujuria no es igual para la mayoría de los hombres o mujeres. La percepción pública de este “pecado” no es igual entre hombres, ni entre hombres y mujeres, ni entre mujeres juntas. No puedo decir nada sobre los homosexuales pues no he conocido su estado de lujuria, siquiera de forma posterior a su guasa. Trabajé con homosexuales en la fresa, y siempre estaban de guasa. No pasé, por falta de interés, de esa relación de compañero. Eso sí, las peonadas con ellos eran más llevaderas.


En términos generales, siempre desde mi visión inevitablemente sesgada, y dado que la lujuria es un “apetito desordenado de los deleites carnales” (RAE 1992), entramos , inevitablemente, en la ambigüedad. Me lo veía venir. En base a mis observaciones diversas en diversos homínidos, para unas personas entrar en la lujuria es una cosa sencilla que puede atraparte con una simple mirada, con un pensamiento, o con una secuencia de ellos que solo quedan dentro de la mente, y que hay que controlar para que no dominen el presente. Para otras personas la lujuria está emparentada con visitar prostíbulos, con ser infiel a la pareja, o con consumir pornografía gratuita o de pago. También hay visiones intermedias entre estos extremos. Poco más puedo decir en términos generales. Si quiero añadir que el mundo del deseo sexual y el de la lujuria están muy próximos en muchos enfoques ideológicos que solo desplazan la zona intermedia hacia un lugar , o hacia el otro. Es como un tira y afloja, según con quien hables. El equilibrio , si se escuchan todas las partes, es difícil. Siento expresar que la lujuria como apetito desordenado está emparentada con la propia moralidad parametrizada alrededor los apetitos eróticos y sexuales del sujeto.


                                           Imagen bajada desde Internet. Gracias a su autor o autora.

A nivel particular, tal como había prometido en la estructura de cada una de estas reflexiones absurdas y carenadas, la cosa se complica mucho. Según mi propio enfoque el erotismo de la ropa ajustada que realza las formas de una mujer, por ejemplo, es erotismo y forma, antes que lujuria. La lujuria llegaría si hubiese un desorden personal ante ese estímulo y belleza natural. Para mí observar una mujer guapa no es lujuria, y hacerlo delante de otras mujeres es de poca educación.
En mi concepción de las cosas la lujuria es desorden y como todo desorden, en oposición a cualquier orden, es complejo de definir. Desgraciadamente pienso así. Me remito a la paradoja de los fractales e, incluso, al origen y existencia de la vida que, aparentemente, va en contra de algunos conceptos termodinámicos. ¿Orden en el caos?

                                            Imagen bajada desde Internet. Gracias a su autor o autora.

Donde comienza el desorden lujurioso: ¿En los actos? ¿En los pensamientos? ¿En la imaginación? ¿En la suciedad? ¿En no hacerse las preguntas adecuadas? ¿En respuestas establecidas por otros?

Es evidente , para mí, que mi concepto de lujuria tiene que ver mucho con mis referentes éticos, estéticos, morales y aprendidos en el tiempo de las personas. Para mí, mi lujuria nace de saltarme esos referentes de alguna forma o manera animal. Y ocasionalmente surge, sin saberlo, desde un sentimiento de culpa surgido tras un juicio externo. Es lo que puedo decir en estos momentos de mi extraña vida carenada.

3 comentarios:

  1. "Trabajé con homosexuales en la fresa"

    Dada la cadencia y potencia de tiro de tu retaguardia, podías permitirte agacharte a recoger fresas sin arriesgar tu integridad bujeril.

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    1. Sobre todo dado el descenso poblacional de gays que acaeció debido a la explosión de un tractor con motor de agua.

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  2. Obi Wan Calentobi24/4/16 23:15

    "Para mí observar una mujer guapa no es lujuria"

    Cuando lo haces con los pantalones bajados agarrándote la cebolleta como una espada láser, si.

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