29 de abril de 2016

¿La Ira de los Pacíficos?

Es el momento de la ira. Mi amigo el nórdico me ha hablado mucho, durante los últimos años, de la ira de los pacíficos, o así creo recordarlo en mi insensatez entre insensatos -lo siento por los que se consideren ofendidos- . Contener la ira, o controlarla siendo pacífico, es tremendamente complicado. Es muy difícil. Siempre será posible que haya alguien que pierda el control. Eso habría que evitarlo con los medios disponibles. Dicho esto, comienzo con mi percepción de la ira a nivel general o global.


Detrás de cada acto violento, que abunda en los medios, hay ira. Es un pecado capital que está a la orden del día y que se fomenta en muchas películas, quizás demasiadas. Justifica actos de forma aberrante y absurda. . A nivel de barrio y vida cotidiana solo he observado ira en alguna pelea de tráfico, o entre borrachos en un bar. Mis vecinos no pasan de la indignación cuando están enfadados pero, gracias a Dios, no pasan de ahí. La indignación, de la que hablaré a nivel particular, es el límite máximo pre-ira que puedo admitir. La ira aparece cuando se llega a la violencia de una u otra manera. La ira es pesadilla, venganza, e infierno. No compensa. Comparar la ira entre homínidos con las agresiones entre animales , por el territorio, por la comida, por el liderazgo, o por la pareja de cópula, no ha lugar. En este asunto de la ira no podemos compararnos con los animales pues, añadiendo la tecnología disponible con sus herramientas, somos mucho más tóxicos y macabros que los otros animales que manejan menos su entorno, que aparentemente son menos conscientes.
La ira ajena posee mucho morbo. Un morbo comparable al que sentían aquellos que en el circo romano observaban luchas de gladiadores, matanzas de cristianos, etc. -aprovechando la influencia gladiator- . Este morbo es una pena. En definitiva, y más allá de los sitios europeos que he visitado en paz, la ira perenne, prima hermana de la guerra, está instalada en demasiados lugares del mundo. Para más inri permite que algunas empresas ganen dinero con la guerra. Flipo ante este absurdo antropomorfo. Es de psicópatas.


Particularmente escribiendo la ira me llama muchas veces, sobre todo cuando mi voluntad se frustra de forma directa o indirecta, y la modulo hacia la indignación, hacia el arte, o hacia la meditación para que no haga estragos en mi mundo ético y reivindicativo. Y entiéndase por “mi voluntad” a aquello que deseo, anhelo, e, incluso, necesito. No me refiero a esa voluntad filosófica que es la que empuja el conocimiento, el saber, la experiencia, o cualquier ente parecido. Esa es otra voluntad filosófica que aún no he comprendido bien. Quizás escriba algún día sobre ella.
Retomando el hilo, mi ira contenida es indignación en el peor de los casos personales. Participé del movimiento 15 M , el movimiento de los indignados, y, para aclarar dudas, Podemos no es el 15M aunque haya utilizado el movimiento, o canalizado ese malestar para su beneficio. El 15M no tenía líderes, ni jerarquía, ni ansias de poder...pero eso se convirtió en patraña cuando se incorporó al sistema de partidos con la excusa de cambiar las cosas desde dentro. Esa mutación populista me molestó bastante, aunque se veía venir.
Mi indignación, cuando surge, procuro que dure poco, menos de un minuto, pues me estresa una barbaridad y me sienta mal. Cuando me indigno ante las injusticias, es para no ser una presa fácil de los psicópatas, pero no puedo estar permanentemente indignado. Implicaría pérdida de control y vería la ira muy cerca.. La indignación debe ser utilizada, pero limitada en el tiempo. Es trabajo de acróbata. Es advertencia muy útil ante el abuso de poder. ¡Ojo! Tiene que darse el abuso de poder, y ese abuso no se da si los cuerpos de policía , por ejemplo, son capaces de reflexionar sobre quienes son sus jefes de verdad, sobre cual es su propósito ¡Cuidado! Señores Policías: ¡Es necesario que penséis en los intereses que estáis defendiendo! ¡Que no sois pretorianos del presente! ¡Ojo! Tenéis que controlar al controlador. No dejéis que se pase. ¡Tenéis que defender al débil, entiéndase al pueblo soberano!

A Jacarandá siempre le disgustó, y mucho, el indignado que hay en mí, porqué ya lo había conocido en otros momentos y lugares, en otras personas. Ella lo relaciona con cierto hábito personal y , más allá de su razón o no, he aprendido a no dejar que surja ante ella pero, querida Jacarandá, sigue ahí para, simplemente, gritar injusticias propias y ajenas. Interiores y exteriores. Frustraciones en tapas y en postres. No puedo ser un manso cordero ante un mundo injusto, aunque la injusticia pueda estar fuera y dentro. Cuando la injusticia está fuera hay que ser acróbata de la indignación para , siendo incómodo, no caer en la ira o, como decía el nórdico, no pasar el límite de la ira de los pacíficos. Hay que hacer como hizo Cristo cuando vio lo que los mercaderes habían hecho en un templo. Se indignó con razón. No dejemos que los mercaderes gobiernen el mundo. Ellos no son más , ni tienen derecho a ser más que otros homínidos.

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