28 de diciembre de 2015

Niebla Antigua



Pablo Mateos era un tipo mayor. Había cumplido recientemente los ochenta años. Solía caminar con un solo bastón para evitar tropiezos, pues veía poco y el palo le ayudaba a sortear agujeros y bordillos. Todos los días salia dos veces desde el asilo hacia su ruta y volvía después de unas horas. Los años le habían dejado todo tipo de huellas: artrosis, mucha pérdida de visión, limitación de movimientos en el sistema locomotor , entiéndase: problemas en las piernas, disminución generalizada de la masa muscular, pérdida de reflejos, disminución de habilidades intelectuales, etcétera. Pese a esos inconvenientes , que se resumían en la archiconocida vejez, no dejaba de salir y entrar dos veces al día.


Una mañana de niebla salió después de desayunar y cuando se dió cuenta no sabía donde estaba, el bastón había crecido de tamaño, incluso de peso, y él se sentía más ligero. Andó en esas condiciones entre la persistente niebla y observó que el tiempo pasaba y no llegaba a ningún lugar. Todo era niebla, niebla arriba, abajo, detrás, enfrente e, incluso, dentro. Sentía la niebla hasta dentro de él. Tenía que reconocer que se había perdido en la niebla.


En un momento indefinido, incluso indeterminado del espacio-tiempo del absurdo, la niebla comenzó a disiparse y pudo contemplar que seguía estando en los caminos del pueblo y que todo seguía prácticamente igual, pues ese todo parecía más grande, mayor. Fue en la dirección del asilo y descubrió que estaba donde lo había dejado, pues pudo llegar a él con rapidez y sin perderse. Permanecía en el mismo pueblo de siempre, en el mismo asilo conocido donde era residente. Se acercó a la puerta, con portero automático univivienda, y tuvo que ponerse de puntillas para llegar al pulsador, para tocar el timbre.
#¿Qué pasa? Todo parece más grande. ¡Cachis! -pensó en su anciano interior.
Una auxiliar de guardia salió a la puerta para atender la llamada y, ante un hola y un caminar hacia el interior del asilo, la auxiliar paró a Pablo Mateos.
- ¿A dónde vas, niño?
- A mi habitación.
- ¡¿Cómo?! ¿Vienes a ver a tu abuelo?
- Vengo a … mi habitación...-observando en un cristal cercano, que hacía de seudoespejo, que era un niño con bastón y ropa infantil.
- No te entiendo, pequeño. Vete a jugar a otro sitio, anda. - echándolo del asilo con un cariñoso y suave empujón. La puerta del asilo se cerró tras él.  

2 comentarios:

  1. "artrosis, mucha pérdida de visión, limitación de movimientos en el sistema locomotor , entiéndase: problemas en las piernas, disminución generalizada de la masa muscular, pérdida de reflejos, disminución de habilidades intelectuales, etcétera."

    Parecen las contraindicaciones del uso del aquanardo.

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    1. Las del primer prototipo. Ahora es más larga.

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