22 de octubre de 2015

En Blanco




Elión estaba subiendo a la montaña más alta de su vida. Nunca había subido a ninguna montaña como esa. Hasta el momento había buscado planicies y mesetas. 

Necesitaba un cambio y había decidido ese cambio. Evidentemente , para llevarlo a cabo, un día decidió ponerse a caminar hacia la cima de una montaña. Decidió convertirse en un caminante de pendientes e, incluso, en un pequeño escalador.

En lo posible iba a intentar evitar las pendientes más escarpadas, tomaría los rodeos que fuesen necesarios. Como caminante de cordilleras inició su sendero hacia su elegida cima. Cuando llegó a su cumbre pudo observar la pequeñez de muchos objetos y sujetos e, inevitablemente, su pequeñez. Mirase donde mirase, mirara donde mirara, su sensación no se marchaba:

#Soy pequeño y no puedo evitarlo. Somos pequeños -pensaba al observar desde arriba.

Estando arriba disfrutó en la cumbre por seis días contemplando, e incluso fotografiando, todos los paisajes, paisanajes, y formas fotografiables. Objetos y sujetos distantes y cercanos no le pasaron desapercibidos. Los veía y los sentía.

En un momento indeterminado de su determinación decidió bajar por alguna de las laderas de descenso, pues había varias. Recogió sus enseres, los introdujo en sus dos mochilas, tomó sus bastones, y se dirigió hacia una de las laderas para comenzar la bajada... Volvió a dirigirse hacia una de las laderas. Se dirigió a otra ladera para iniciar la bajada. Se acercó a la ladera más próxima para bajar la montaña, pero por más que se acercaba a cualquier ladera para descender, fuera cual fuera, le resultaba imposible tomarla, y más imposible bajarla. Ningún sitio se lo permitía. La cumbre no terminaba nunca, pese a contemplar los caminos de bajada muy cerca de él. Absurdo pero real. Para no alterarse mucho decidió quedarse ahí. Cuando pasaban otros caminantes por la cima no le veían ni le sentían. Nada. Ni gritos, ni ademanes, ni intentos de tocar servían. Era como si no existiese para los otros, esos llamados demás.  Desde hacia días ya no tenía ni hambre ni sed. Los otros no percibían su presencia ni la de sus enseres. Era como estar, y como no estar. Era paranoico.

Hoy han pasado cien años y sigue ahí. Quizás suba a intentar verlo y visitarlo. He soñado que necesita hablar con alguien desde hace años. Creo que podré contactar con él.
#Amigo Elión, tomaremos un café de termo y podrás contarme todo lo que has visto y sentido.

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