30 de septiembre de 2015

En una Bolsa



Todo comenzó una noche de madrugada desde un sueño perturbador. Me encontraba con mis hermanos y padre dentro de una gran bolsa de plástico, o cosa parecida. Era algo así como una bolsa de hipermercado gigante que ocupábamos los cuatro y un poco de agua, que cubría nuestros tobillos.

Aparte de preguntarnos qué hacíamos ahí, charlábamos sobre la forma de salir de ese lugar tan extraño. Como siempre, o como casi siempre, había diálogo con ciertas reticencias, pero había diálogo e intercambiábamos ideas sobre cómo salir de tan extraño habitáculo. El mediano, en su guasa, comentó que habíamos vuelto al útero materno todos a la vez, pero qué útero era ese que contenía a nuestro padre. Algo no cuadraba. Evidentemente, la guasa aparecía levemente y alimentaba carcajadas e ideas. Eso era bueno.

Desde una idea del pequeño, comenzamos a inspeccionar la superficie de nuestro extraño contenedor buscando una apertura o salida. Unos buscábamos arriba, si eso era arriba, y otros buscábamos abajo, evidentemente, si eso era abajo. Sin esperarlo, cosa típica en la vida y más aún en un entorno extraño, pisé una especie de agujero que fue tirando de mí. Mientras era absorbido por ese elemento heterogéneo, mis hermanos me gritaron:

- Hermano. Seguramente vas al exterior. ¡Muéstranos la salida! El nivel de agua está subiendo rápido. Parece que vas a salir.
- Valeeee. -pude decir antes de ser escupido en medio de una habitación desconocida que tenía una gran bolsa en su centro del tamaño de una lavadora.

Parecía que había algo en el interior  del saco, y que estaba encogiendo por momentos.

- # La bolsa se va. #-pensé.

Tras observarla varios minutos entendí que el tamaño bajaba cada vez que se producía un pequeño agujero negro, que comenzaba como la cabeza de un alfiler y terminaba como un melón. Antes de desaparecer el punto creciente , que había sido alfiler y fruta generosa ,melón, bajaba el tamaño del saco que, literalmente, cada vez se parecía más a una bolsa gris de un hipermercado cualquiera.  Ese tipo de bolsas por las que te cobran cinco céntimos de euro, aunque en este caso carecía de publicidad.

Entendía, por evidencia antes que por inteligencia, que eran puntos de entrada y salida. Busqué la linterna que tengo siempre en mi mochila, que por fortuna tenía las pilas en condiciones, e iluminé con ella un nuevo punto creciente. Al momento apareció mi padre empapado hasta la garganta. Con el siguiente punto surgió mi hermano el pequeño. Y con el contiguo surgió el mediano completamente empapado. Momento justo en que la bolsa desapareció por completo. Todos estábamos a salvo. Todos habían visto y buscado la luz.

Lo curioso , incluso acojonante de este sueño que tuve, es que compartiéndolo con mi familia en un almuerzo, todos habíamos tenido el mismo sueño aquella misma noche. Todos nos acordábamos muy bien de él. Desde entonces tengo un extraño nudo en el estómago. ¿Será la bolsa de plástico?

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