5 de abril de 2015

Templos de Siempre




He estado pensando un poco, cosa que me sorprende, y he llegado a una conclusión evidente. Me gustan las bibliotecas, y entre ellas muy especialmente las públicas. No puedo negarlo, y no me importa repetirme en el tiempo al respecto de estos asuntos placenteros.

He disfrutado de bibliotecas universitarias, que son públicas y universitarias, y de bibliotecas exclusivamente públicas. Entre las dos tipologías me quedo con la segunda, con las bibliotecas públicas. Recuerdo intensamente la de Huelva, Morón de la Frontera, El Tesorillo, Pedro Muñoz, Nantes, Stuttgart, y , especialmente, la de Sevilla, esa que se encuentra al lado del precioso parque de Maria Luisa. Buenos momentos conmigo mismo, con mi sino. Buenas caminatas llenas de pensamientos y libros que demasiadas veces fueron peso.

Entre las bibliotecas universitarias visité, en Sevilla, las de Derecho, Informática, Ciencias de la Educación, Magisterio, Biología, y Química, y en Huelva solo usé la de Magisterio, cuando la Escuela Universitaria estaba en la calle Churruca. Teniendo en cuenta que ese momento formativo, de mi penosa historia personal, no me ha dado nomina alguna, aunque sí formación y buenos recuerdos, me deprimo un poco hasta que pienso en una tostada con roque (por ejemplo). En ese momento me encuentro mejor y salivo un poco.



Si algo tienen las bibliotecas públicas , que las distingue de las universitarias, es su mayor diversidad homínida. Cosa que desde mi visión las enriquece de manera singular. Se aprecia en ellas gran variedad de edades y propósitos que comparten normas de convivencia muy interesantes:  silencio abundante aunque no absoluto, orden y quietud dentro de un entorno lleno de documentos intensamente variados, lugar con libros y documentos de todo tipo.

Desde mi visión, que creo que no es la única, son auténticos templos modernos en que acceder al mundo del conocimiento pasado y presente.  ¿Qué la historia la escriben ,o reescriben, los ganadores? 
Si las bibliotecas , y por extensión sus archivos, se conservan el suficiente tiempo, la diversidad de visiones y su contraste contarán el pasado en el futuro. Es cuestión de tiempo y conservación de la diversidad.

Más allá de la reescritura de la historia, donde el que mata mata -siquiera para mí-, las bibliotecas ofrecen valores perdidos en la voracidad de nuestras ciudades saturadas de estímulos y ruido. Ofrecen un silencio razonable, compañía variada y concentrada, edades y formas vistosas para un maduro, tipos raros -como el autor de esta entrada-, amantes, compañeros recatados, compañeras, servicio público, agua, luz suficiente mejor o peor dirigida para leer o escribir, mínima disciplina, y orden.
Por estas razones, y muchas otras, amo las bibliotecas que , además de lo dicho o escrito, ofrecen un paseo, un camino, con un destino de conocimiento real o figurado. En cierta forma, en cierta manera, son templos de siempre.


5 comentarios:

  1. Anónimo5/4/15 23:28

    "Por estas razones, y muchas otras, amo las bibliotecas"

    Si, si, pero devuelve los préstamos. Que todavía tienes libros de la Biblioteca de Alejandría de la época de Ptolomeo.

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  2. Anónimo6/4/15 10:35

    "Recuerdo intensamente la de Huelva, Morón de la Frontera, El Tesorillo, Pedro Muñoz, Nantes, Stuttgart, y , especialmente, la de Sevilla,"

    Curiosamente, las que denunciaron que los libros de la sección de erotismo y sadomaso iban desapareciendo misteriosamente.

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  3. Anónimo6/4/15 14:35

    "Buenas caminatas llenas de pensamientos y libros"

    Se refiere a sus fugas por el Parque de María Luisa mientras pensaba donde esconder los libros que acababa de sustraer de la Infanta Elena.

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    1. Anónimo6/4/15 14:51

      El pavo real de la foto fue testigo de las fechorías de Carenado, y este lo hizo desaparecer con la ayuda de un horno de cocina.

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    2. Anónimo6/4/15 16:18

      Y amenaza con escribir ROSA ET II usando una pluma de la cola y tinta de calamar.

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