14 de febrero de 2015

Rencoroso Carenado

Es curioso como uno es consciente con los años de sus rencores. Evidentemente hablo por mí, por el pobre Carenado. Reconozco que no he olvidado trastadas que me hicieron otros, ni trastadas que otros hicieron a amigos o compañeros de clase. Entiendo que no he perdonado ni olvidado aún muchos asuntos pasados. Recuerdo collejas, y discusiones por estupideces premeditadas en mi adolescencia y juventud. Rememoro diferencias con algunos ex-amigos que no tengo ganas de ver, aunque no les desée mal alguno, más bien prosperidad y que se olviden de mí, por favor. Pienso que en ningún caso he conocido el odio, ni deseo entrar en ese sentimiento en el futuro. Tiene que ser una pesadilla eso del odio. Un odio que, probablemente, viene después del rencor.

Me miro dentro y , sinceramente, no soy ningún santo. Tampoco aspiro a serlo pero sí me gustaría ser mejor persona aún. Siquiera tener conciencia de ello, antes que dejarme llevar por opiniones ajenas que no tienen por qué ser necesariamente reales o fidedignas. Pero esto puede desviarme del análisis de mis sentimientos repetidos de rencor.

¿Por qué guardo rencores?

Básicamente, en franqueza, porqué alguien hacía algo que yo no habría hecho en ese momento de mi vida. No me decía nada dar collejas a los compañeros. No me decía nada llenar a alguien de espuma de afeitar para divertirme, tal cual hacían otros en las excursiones. Era un sinsentido, pero ocurría. Era incapaz de comprender tanta estupidez.
Cuando empecé a trabajar, no me decía nada que todos los compañeros se diesen golpes en el pecho diciendo y diciendo que: eran los mejores vendedores, eras los mejores recolectores de fruta, eran los mejores... en general. No me gustó que después de discutir con un jefe, que me debía tres nóminas, me largasen y se quedase un amigo al que había defendido desde el principio. Me dolió.

En definitiva, analizando los rencores que me poseen, tengo claro que la clave está en esperar algo que no llega. Esperaba que los compañeros de instituto se respetasen entre sí, pero estaban inmaduros. Esperaba que mis compañeros de ventas se respetasen entre sí, pero solo competían y servia casi cualquier cosa para justificar mejores ventas, incluido el vampirismo comercial (quedarse con los clientes que ha trabajado otro, o le ha asignado un jefe superior permisivo que tolera el hurto de clientes).
Esperaba que mi examigo apoyase mi enfrentamiento con mi jefe, pero lo tomó como una asunto externo y personal entre nosotros dos. Pensándolo en frío, no sé lo que habría hecho si hubiese sido al revés. La verdad es que guardo rencor por todo eso, y eso no me beneficia en absoluto. Puede parecer, aunque quizás no lo sea, que el problema surge de esperar actos de otros que, por la razón externa que sea, no surgen o no llegan. En definitiva, con franqueza, me complico mucho esta vida y, a mi pesar, vosotros también.


Tened cuidado con vuestros rencores. Son garantía de infelicidad y dolor. Sufridores.

2 comentarios:

  1. !Tenemos que aprender a vivir con nuestros demonios!. Pero no sufras por el pasado i disfruta de un presente feliz.

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    1. Gracias. No siempre es fácil vivir con ellos. He intentado perdonar. He intentado olvidar. Pero no lo he conseguido.
      Un saludo.

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