30 de septiembre de 2014

Encina y Viento


El árbol le habló al viento de la meseta castellana en su soledad.

- Amigo Viento. Ya no veo por la Mancha árboles. En la lejanía están sembrando olivos, pero cerca de mí solo veo matas de uvas y tierra arada.

- Amiga Encina. Llevo muchos años hablando contigo y me encanta. Se trata de los hombres que solo quieren sembrar para vender, y todo lo demás no importa. Los hombres son así, amiga.

- ¿Pero? ¿No se dan cuenta de por qué ya no hay agua? No saben que al no estar nosotros, los árboles, hay menos humedad en el aire, en la zona y, entre otras consecuencias, llueve menos.

- Ellos lo saben, pero no toman medidas porque se han obcecado con el dinero.

- ¿Dinero? ¿Eso qué es, querido Viento?

- Sinceramente, no lo sé. Oigo hablar de él, pero no comprendo lo que significa. Sin embargo, si sé que El Hombre antepone esa cosa , llamada dinero, a todo los demás.

- ¿Y eso lo saben los niños?

- Deberían saberlo. Deberían saberlo... Voy a hablar de esto con los niños del hombre, con todos los seres vivos que pueda.


- ¡Bien! Ya me cuentas. Esperaré mientras pueda estar en esta frontera de caminos, mientras no me talen.