5 de junio de 2014

A una hembra del pasado

Haciendo limpieza en el taller, que no limpio desde hace dos años, me he encontrado esta poesía debajo de un armario metálico. Debe ser que calló accidentalmente cuando coloqué unos documentos antiguos sobre un estante cercano, mientras reubicaba objetos para generar espacio en una habitación que al final, a la postre, no va a realizar su pretendida función; pero eso es una historia que no viene al caso.

Esta sencilla entrada va a consistir en una antigua poesía Carenada con ciertos cambios. Cuando escribí el documento era un romántico. Ahora soy un animal. Además, sinceramente, no recuerdo la hembra a quien iba dedicada, cosa que no importa porqué todas me ignoraron. Qué me gusta la franqueza aunque me perjudique, que me gusta la rudeza. Comienzo esta querida patochada.


Miro al espejo,
tus ojos veo.
Miro de nuevo,
los vuelvo a ver.
Tus ojos clavados
en mi ser.


Miro y remiro
El imposible.
Los ojos del espejo
en marrón pleno,
en textura del eterno.


Son inflexivos,
Clavados en mi ser.
Tiernos, profundos.
de color inteligente.
¡Son tus ojos!
...

Sacados de recuerdos.