6 de febrero de 2014

Una de mentiras recurrentes

Carmen conocía la imposibilidad del amor entre su familia y su amante. A su pesar, y después de su pesar, había intentado , con recurrencia, integrar en armonía el amor de amantes y el querer de familia, pero le había resultado una integración imposible, o un imposible categórico.
Desde la triste coyuntura, en cierta forma frecuente, decidió mentir de forma sistemática y sistémica a su querida familia, pues necesitaba, incluso deseaba, gozar la vida mirando hacia Cuenca con frecuencia. Tampoco es que su amante y ella pensasen exclusivamente en fornicar; pero fornicar era el cincuenta por ciento de su todo, y ambos no podían olvidar la palpitante realidad de la cópula multiforme que justificaba su mentira familiar.

En esta circunstancia, y en este presente, donde aparecen públicamente como separados, ella ha informado a su familia, recientemente, de que se marcha dos semanas a Roma con su mejor amiga. Además, sale tanto con esa amiga que la familia comienza a pensar que es lesbiana, aunque, siendo sinceros, eso es menos problema que en otro momento histórico. 
Por cierto, él se llama Felipe, y a los dos les encanta estar juntos. No les importan sus mentiras necesarias en el tiempo de las cosas, en el tiempo de las cópulas.