17 de febrero de 2014

Una de albóndigas

Magno había tenido claro desde joven que los demás, cualesquiera que fuesen, eran albóndigas a su lado, aunque nunca lo había demostrado externamente. En su fuero interno, oculto con astucia e inteligencia, sabía lo de las albóndigas pero externamente, para no ofender a los "pobrecitos" compuestos por carne picada, era una persona humilde, comunicativa, e intensamente aguda. Como falso y lobo, sin ser un "maleante", había aprendido rápido que alimentar el oído de los otros, o desacreditarlos en caso de debate enfrentado, eran herramientas de acercamiento al poder. Tenía claro que lo suyo, inevitablemente, era la política. Bien ejercida, para su propio y disimulado beneficio, era un instrumento de enriquecimiento y popularidad que inflaba mucho su gran ego.

Magno, sirviéndose del poder y de la astucia, conseguiría aparecer en los libros de historia, conseguiría una gran riqueza , sirviéndose , disimuladamente, del poder. 
Ahora , hoy, estaba muy ocupado con la campaña electoral europea. No es que le gustase la política burocrática europea, pero sí le interesaba ganar posiciones en el partido para poder presentarse , como candidato, a las próximas elecciones generales.

Lo curioso de Magno es que jamás había dudado de que la democracia del siglo XXI era una sutil pantomima donde el engaño, la mentira, y la manipulación, habían llegado a sus máximos niveles de complejidad. Sabía que la democracia del autoservicio era la única posible. Pensar en servir al pueblo, o en representarlo, era teatro, puro y simple teatro. Magno, sabía desde niño que la mayoría de los políticos buscaban el beneficio propio, antes que otra cosa. El poder era, y es, para usar, no para representar. Los ciudadanos debían permitir con su voto que todo siguiese igual, debían creer que no había otra alternativa para el animal-hombre. La supremacía política era, y es, una demostración de inteligencia, y lo demás, los demás, eran, y son, carne picada. Los demás eran, y son, albóndigas que votan. Un gran político debe servirse sutilmente, y dar la imagen de servir a las albóndigas. Es cuestión de ego y supremacía. Es cuestión de teatro. Y Magno lo sabía, lo sabe, y lo sabrá. Y mientras, las albóndigas siguen picándose para votar y seguir siendo esclavas. Muchas de ellas solo eligen la salsa.