16 de octubre de 2013

Petrus en la mierda

Petrus consideraba que el camino de la vida era una trompa de elefante untada de heces. No sabía como había llegado a esa conclusión, pero era su frase favorita. Era su frase pesada, o constante, y la usaba para todo. Se parecía , en cierta forma, a la eterna búsqueda de la llave diez-once en un taller: siempre se pierde , siempre se necesita, y siempre se está buscando.
Pensaba que cuando iba de chapuza en chapuza con su maletín amarillo lleno de picaduras de uso, era capaz de captar los pensamientos de la gente. Sabía, intuía, que había mucho sufrimiento mental. Era consciente de esos entes que los psicólogos llaman: disonancias cognitivas. Las disonancias dominaban las mentes, casi todas las mentes. Cuando caminaba entre los otros solo percibía: celo, envidia, rabia, ansia, dolor, cansancio, engaño, mentiras,estafa, cuernos quemados, cuernos finos, cuernos elegantes, ruidos de fornicación, ruidos de cópula, agujetas, pesadez, depresión, sufrimiento, y enfermedad. Sentía enfermedades en disonancia.Notaba, sencillamente, que el romanticismo había muerto. Sabia que solo existía el mercado de las heces, que todo tenía un precio absurdo. Sabía que si algo no estaba en el mercado...Ese algo no existía.

Las heces mentales, en sus formas marrones, dominaban gran parte de los pensamientos humanos. Nadie confiaba en nadie. Nadie sabía si lo que sucedía era real, o era un montaje. Nadie entendía por qué la democracia era una pamplina, una mentira.

¿Para qué servía la democracia en la dictadura de un mercado global, y de unos mercados financieros?

Captaba que la democracia era una mentira diseñada para contentar a las masas con una aparente sensación de libertad. Petrus notaba todas la manipulaciones habidas y por haber dentro de un sistema obsesionado por conservarse. Sabía que el romanticismo había muerto. Si pensar no daba dinero o prestigio, era una perdida de tiempo. Si desear no daba dinero, prestigio, o placer, era otra perdida de tiempo. Muchas personas, con tanta manipulación de mercado y mercados, estaban perdidas, se sentían fracasadas por qué no habían alcanzado esos objetivos que siempre estaban en movimiento, que siempre estaban en el mar del deseo diseñado entre los cambios.
Un día, Petrus, estaba cansado de tanto sufrimiento propio y ajeno. Decidió tomar el camino fácil. Se dirigió a la vía del tren más próxima y su maletín amarillo paso a ser rojo. Petrus dejó de sufrir por el camino equivocado, que tantas veces ha sido tomado en el tiempo de los hombres. Tiempos de depresión. Tiempos de demonios. Demonios interiores bañados en sufrimiento de sangre tapada. Petrus el suicida dejó de sufrir, y el mundo siguió siendo una gran mierda bañada en la estupidez egoísta del domino. Su cuestión era:  ¿Dominios, o Demonios?  Evidentemente Petrus, no encontró la respuesta. La respuesta no existe.

3 comentarios:

  1. No descarto que el Gobierno cambie el Teléfono de la Esperanza por el Teléfono de la Angustia y te nombre director.

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    1. jajajaj Es cierto lo de la Angustia. Solo sucede que actualmente he cambiado un poco mi discurso. Grito lo mismo de siempre de forma diferente. Ahora grito con historias breves llenas de angustia, dolor y estupidez.

      Un abrazo.

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    2. Otro para ti. Pronto te dedicaré otro fotomontaje.

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