23 de octubre de 2013

Dieciséis.

Mario solo sabía jugar en la calle. Tenia problemas de atención y con sus diez años aún no sabía leer, aunque vivía en un barrio de clase media , antes de la desaparición de esta clase social-evidentemente-. Le habían diagnosticado problemas de atención y cierta inmadurez pero, a fin de cuentas, era un niño analfabeto del siglo XXI. Punto.

A un vecino suyo, de nombre Constantino, le resultaba difícil comprender como, por la razón que fuera o fuese, seguía habiendo analfabetismo infantil en España. Sus padres eran ese tipo de progenitores protectores y con deficiencia de euros, Osea, sus padres eran nuevos pobres, esos que han aumentado mucho recientemente. Poco había cambiado en el fondo social de los últimos cien años, aunque Mario no sabía de su condición de exclusión potencial y futura. Era un niño agudo, inocente, preguntón, e hiperactivo. Demostraba inteligencia y falta de atención por qué no sabía lo que eran dos minutos de silencio o reflexión. Solo conocía estas palabras cuando estaba durmiendo, sobre todo la palabra: silencio.
El infante analfabeto, sevillano, español de nacimiento, y niño en operaciones concretas, solo quería conocer los objetos y sus relaciones. Quería conocer a sus coetáneos y a todo aquel escuchador interactivo. Jugaba con niños de su edad a ese tipo de juegos donde se está más tiempo discutiendo normas que jugando. Un día, como casi siempre, iba con su bicicleta por su barrio. El sol se había ido. Llevaba detrás a su amiga María. Como inexperto vital se consideraba inmune a los daños, algo así como un superniño -demasiadas películas inadecuadas-, y María era igual de inexperta y fantasiosa. Diez años de experiencia son cortos en experiencia suficiente. María no era analfabeta pero no gustaba de las clases, o del conocimiento. No le gustaba aprender cosas con letras o números. Prefería darle órdenes a un Mario que siempre obedecía. Jugaban en los parques e iban dando vueltas en bicicleta por aceras, bordillos y carreteras. Un día, yendo los dos juntos en la misma bici , con María subida al trasportín y dirigiendo, dijo María con acento andaluz:

  • A la derecha.

Y a la derecha fue Mario con María sin mirar. Y fueron arrastrados sin piedad por la chapa y las ruedas de un cuatro por cuatro lanzado. Dieciséis.  Fueron arrastrados y lanzados hacia unos matorrales que pararon la trayectoria de los niños con cierta lentitud arañada. Actualmente los pequeños están en observación , y todo parece indicar poca importancia o levedad.

¿Habrán intervenido los Dioses para evitar el certificado de defunción de los niños?
¿Habrán sido los ángeles de la guarda?

Mario y María son niños creativos del presente que solo quieren explorar su entorno.

¿Descubrirán alguna vez la importancia del conocimiento y del pensamiento crítico?
¿Serán víctimas de sus pasiones y errores?

En cierta forma:

¿Para qué sirve el tiempo de las personas y las cosas?
¿Por qué reina la estupidez de una dictadura encubierta?

Lo dejo por hoy, antes de más deriva mental.


Atentamente, un esclavo globalizado y burbuja.

2 comentarios:

  1. Traepacaelpapequemelofollozuazua24/10/13 16:15

    "Atentamente, un esclavo globalizado y burbuja."

    Lo de burbuja tiene solución: no te comas 30 tostadas en el desayuno

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  2. "-demasiadas películas inadecuadas-"

    Comentario del urólogo de Carenado tras curarle las quemaduras por fricción de su cebolleta.

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