30 de octubre de 2013

Un café tan amargo como los mercados

Creo que fue hace dos semanas cuando tomando un café tranquilo; este, el café, se convirtió en ricino. No fue una transustanciación, o algo similar, que va. Fue, sencillamente, un debate mal llevado que me amargó café, mañana y día. Aún me sorprendo ante sus efectos.

Antes de entrar en la clase de Java, del curso del paro que ya ha terminado y que puede implicar una preciosa asociación o cooperativa, solía tomar un café templado. Pero ese día, curiosamente, fue agriado tras un debate de taberna. He de decir, antes de continuar este breve relato parcial, que el dueño del bar es un buen tipo y la calidad del café es correcta.

Todo fue de pie y no consigo recordar el momento en que iniciamos el debate entre egos. El inventor, cliente frecuente de tostada con tomate y aceite, había demostrado hasta ese momento una gran seguridad en sí mismo, un ego medido y razonable. Seguridad.
Antes de entrar en calor comentó que era cliente de una empresa de plásticos en que trabajé hace muchos años. Desde las normas de calidad en la fabricación , que supusieron una barrera infranqueable para un artesano de la electrónica como yo, pasamos a los inventos y al Mercado.
Entonces, solo entonces, explotamos sin perder la educación. De repente fui un romántico que no entiende la realidad de los mercados...

¡Hay que estar en el mercado!
¡Hay que jugar sus normas!

De ahí pasé a las petroleras y su conservadurismo... Argumenté desde mi romanticismo que hay que eliminar el dominio de los hidrocarburos con una energía gratis para todos, momento a partir del cual , con mi estúpida idea del CareAgua como energía barata para todo el mundo- si funciona-, dijo de nuevo sin tapujos:

- Si algo no está en el mercado. No existe.

A lo que respondí:

- ¿Qué pasa con las personas?
-¿Qué pasa con los pobres?
-¿Qué pasa con el estado de derecho?
-¿Y con la ética del bien común?

Entonces, para finalizar la conversación de forma aplastante, él dijo sin piedad:

- El estado de derecho no es más que un reglamento de convivencia necesario para el control social en los mercados. Todo tiene un precio. Todo es mercado.

Calló para siempre y se fue caminando hacia su empresa, supongo. Se fue caminando hacia la Gran Plaza.

Me sorprendió que fuese inventor. Dijo con orgullo que había inventado artefactos muy interesantes , pero que algunos de ellos habían fracasado en el mercado tras mucho esfuerzo en su desarrollo.El inventor se fue seguro de sí mismo y yo me quedé planchado. Aún no he vuelto al bar. Aún no estoy en el mercado. Debe ser que además de ser un romántico social, soy un vago y un maleante. Vaya mundo este nuestro. Un absurdo conservado en el formol de preceptos egoístas e intereses de unos pocos. El mercado actual , siento decirlo, se ha olvidado de las personas y las sociedades. El mercado actual está enfermo, pero el dominio es suyo, la partida es suya. Solo veo esclavos que creen que son libres. Y, evidentemente, yo soy uno de esos esclavos. Reconozco que, en alguna ocasión, me he prostituido. Pobre de mí. Pobre 'esclavito'.

23 de octubre de 2013

Dieciséis.

Mario solo sabía jugar en la calle. Tenia problemas de atención y con sus diez años aún no sabía leer, aunque vivía en un barrio de clase media , antes de la desaparición de esta clase social-evidentemente-. Le habían diagnosticado problemas de atención y cierta inmadurez pero, a fin de cuentas, era un niño analfabeto del siglo XXI. Punto.

A un vecino suyo, de nombre Constantino, le resultaba difícil comprender como, por la razón que fuera o fuese, seguía habiendo analfabetismo infantil en España. Sus padres eran ese tipo de progenitores protectores y con deficiencia de euros, Osea, sus padres eran nuevos pobres, esos que han aumentado mucho recientemente. Poco había cambiado en el fondo social de los últimos cien años, aunque Mario no sabía de su condición de exclusión potencial y futura. Era un niño agudo, inocente, preguntón, e hiperactivo. Demostraba inteligencia y falta de atención por qué no sabía lo que eran dos minutos de silencio o reflexión. Solo conocía estas palabras cuando estaba durmiendo, sobre todo la palabra: silencio.
El infante analfabeto, sevillano, español de nacimiento, y niño en operaciones concretas, solo quería conocer los objetos y sus relaciones. Quería conocer a sus coetáneos y a todo aquel escuchador interactivo. Jugaba con niños de su edad a ese tipo de juegos donde se está más tiempo discutiendo normas que jugando. Un día, como casi siempre, iba con su bicicleta por su barrio. El sol se había ido. Llevaba detrás a su amiga María. Como inexperto vital se consideraba inmune a los daños, algo así como un superniño -demasiadas películas inadecuadas-, y María era igual de inexperta y fantasiosa. Diez años de experiencia son cortos en experiencia suficiente. María no era analfabeta pero no gustaba de las clases, o del conocimiento. No le gustaba aprender cosas con letras o números. Prefería darle órdenes a un Mario que siempre obedecía. Jugaban en los parques e iban dando vueltas en bicicleta por aceras, bordillos y carreteras. Un día, yendo los dos juntos en la misma bici , con María subida al trasportín y dirigiendo, dijo María con acento andaluz:

  • A la derecha.

Y a la derecha fue Mario con María sin mirar. Y fueron arrastrados sin piedad por la chapa y las ruedas de un cuatro por cuatro lanzado. Dieciséis.  Fueron arrastrados y lanzados hacia unos matorrales que pararon la trayectoria de los niños con cierta lentitud arañada. Actualmente los pequeños están en observación , y todo parece indicar poca importancia o levedad.

¿Habrán intervenido los Dioses para evitar el certificado de defunción de los niños?
¿Habrán sido los ángeles de la guarda?

Mario y María son niños creativos del presente que solo quieren explorar su entorno.

¿Descubrirán alguna vez la importancia del conocimiento y del pensamiento crítico?
¿Serán víctimas de sus pasiones y errores?

En cierta forma:

¿Para qué sirve el tiempo de las personas y las cosas?
¿Por qué reina la estupidez de una dictadura encubierta?

Lo dejo por hoy, antes de más deriva mental.


Atentamente, un esclavo globalizado y burbuja.

19 de octubre de 2013

El nudista lunático

Fantasmas y demonios dominaban a Alfredo. Tenía pesadillas nocturnas y diarias. No había noche que se salvase de tener una de ellas. Cada vez eran más turbadoras. Cada vez se sentía más perturbado y menos libre en su interior. Se sentía prisionero de sus temores, fuesen verdaderos o no. 
Sus miedos, su miedo, se había amplificado. Soñaba a diario que su mujer le era infiel. Soñaba a diario que querían envenenarle. Soñaba que perdía su precario y puteado trabajo. También soñaba que moría pero no moría.
En definitiva, Alfredo estaba amargado en vigilia y sueño. Alfredo era un pobre infeliz de los tiempos modernos porque sus miedos le dominaban constantemente. Se habían adueñado de él, y por mucho que intentase racionalizar la cuernos teóricos, por ejemplo, no era capaz de dominar sus emociones en vigilia y sueño. Alfredo sufría continuamente, constantemente. Alfredo sufría siempre y un día decidió, ante su pesadilla vital, ser y sentirse libre. Alfredo decidió hacerse el protagonista de algo y se subió en pelotas al metro-centro sevillano, al tranvía, con un mensaje escrito sobre su cuerpo:

- Soy un hombre libre. Voy como nací.

Poco tardaron varios agentes en taparlo y arrestarlo por desorden público. Pasó una noche en comisaria y , por primera vez en años, durmió bien. Días después descubrió que su mujer le era infiel desde hacia años, casi desde el momento en que se casaron. Para su sorpresa, también perdió su trabajo de mierda. Ahora se dedica a la artesanía alternativa. Vende objetos decorativos hechos con miga de pan, y es feliz con su perro. Su perro si que es fiel y, desde el respeto, prefiere la compañía de un canino a la de un ser humano (hembra o macho). Aún no ha encontrado a personas nobles y auténticas, pero él sigue su lucha con esperanza. Espera que un día la fidelidad, la honradez, la verdad, la sinceridad, y la autenticidad, reinen en el mundo de las sociedades humanas.
Ahora es un hombre sencillamente utópico. De momento, Alfredo parece un personaje que se cuida poco pero realmente cuida mucho su interior, pues el exterior no le importa mucho o le importa un rábano gordo. Pero, eso sí, Alfredo siempre va limpio y se ducha a diario con su perro sin practicar zoofilia o cosa parecida. Su perro Lucki solo es su compañero sencillo y fiel. Cuando se amarga un poco, cosa que le sucede cada vez menos, va al centro de la Sevilla milenaria y se pasea en pelotas hasta ser detenido (normalmente se despelota en el tranvía, o en el metro). Le llaman el nudista lunático y es buena gente. Solo quiere presentarse tal cual nació con un poco de descaro para sentirse sencillamente libre, aunque en el fondo no lo sea. Nadie es realmente libre pero él se siente así cuando se exhibe. Respecto a su ex-mujer...es feliz con su nuevo marido aunque también le es infiel -a ella le va el rollo-.Y Respecto a la empresa que le daba su trabajo de mierda... Pues ya no existe y el ex-dueño vende algodón de azúcar en la ferias. Quizás sea para que se endulce un poco el puñetero de su ex-jefe.

Por cierto, podéis encontrarlo en los mercadillos alternativos de cualquier pueblo andaluz. Comprarle algo si le veis, gracias. Es un hombre de paz que desea una vida tranquila aunque le hayan diagnosticado un trastorno de personalidad. La cosa es que en estos momentos de su vida tiene unas dudas:

-Si me diagnostican a mí como un trastornado.
¿Por qué no diagnostican a los sinvergüenzas y ladrones?
¿Por qué están bien vistos?
¿Por qué, si son inteligentes y mentirosos, prosperan?
¿Por qué son ricos algunos ladrones?

Vaya, ya se ha mosqueado otra vez. Va a desnudarse de nuevo por el centro de Sevilla con este mensaje:

Mirad como voy
y ladrón NO soy. (Por delante de su cuerpo)
¿Me arrestaran? (Por detrás).





16 de octubre de 2013

Petrus en la mierda

Petrus consideraba que el camino de la vida era una trompa de elefante untada de heces. No sabía como había llegado a esa conclusión, pero era su frase favorita. Era su frase pesada, o constante, y la usaba para todo. Se parecía , en cierta forma, a la eterna búsqueda de la llave diez-once en un taller: siempre se pierde , siempre se necesita, y siempre se está buscando.
Pensaba que cuando iba de chapuza en chapuza con su maletín amarillo lleno de picaduras de uso, era capaz de captar los pensamientos de la gente. Sabía, intuía, que había mucho sufrimiento mental. Era consciente de esos entes que los psicólogos llaman: disonancias cognitivas. Las disonancias dominaban las mentes, casi todas las mentes. Cuando caminaba entre los otros solo percibía: celo, envidia, rabia, ansia, dolor, cansancio, engaño, mentiras,estafa, cuernos quemados, cuernos finos, cuernos elegantes, ruidos de fornicación, ruidos de cópula, agujetas, pesadez, depresión, sufrimiento, y enfermedad. Sentía enfermedades en disonancia.Notaba, sencillamente, que el romanticismo había muerto. Sabia que solo existía el mercado de las heces, que todo tenía un precio absurdo. Sabía que si algo no estaba en el mercado...Ese algo no existía.

Las heces mentales, en sus formas marrones, dominaban gran parte de los pensamientos humanos. Nadie confiaba en nadie. Nadie sabía si lo que sucedía era real, o era un montaje. Nadie entendía por qué la democracia era una pamplina, una mentira.

¿Para qué servía la democracia en la dictadura de un mercado global, y de unos mercados financieros?

Captaba que la democracia era una mentira diseñada para contentar a las masas con una aparente sensación de libertad. Petrus notaba todas la manipulaciones habidas y por haber dentro de un sistema obsesionado por conservarse. Sabía que el romanticismo había muerto. Si pensar no daba dinero o prestigio, era una perdida de tiempo. Si desear no daba dinero, prestigio, o placer, era otra perdida de tiempo. Muchas personas, con tanta manipulación de mercado y mercados, estaban perdidas, se sentían fracasadas por qué no habían alcanzado esos objetivos que siempre estaban en movimiento, que siempre estaban en el mar del deseo diseñado entre los cambios.
Un día, Petrus, estaba cansado de tanto sufrimiento propio y ajeno. Decidió tomar el camino fácil. Se dirigió a la vía del tren más próxima y su maletín amarillo paso a ser rojo. Petrus dejó de sufrir por el camino equivocado, que tantas veces ha sido tomado en el tiempo de los hombres. Tiempos de depresión. Tiempos de demonios. Demonios interiores bañados en sufrimiento de sangre tapada. Petrus el suicida dejó de sufrir, y el mundo siguió siendo una gran mierda bañada en la estupidez egoísta del domino. Su cuestión era:  ¿Dominios, o Demonios?  Evidentemente Petrus, no encontró la respuesta. La respuesta no existe.

8 de octubre de 2013

CareAgua XI. Desde la pobreza.

He estado pensando, tarea poco frecuente en mi persona, al respecto del futuro de mi proyecto CareAgua - motor de plasma de vapor de agua ionizado, a cierta frecuencia y a media tensión (11 a 18 kV), y deselectrizado posteriormente para descomponer la molécula de agua mediante un proceso energéticamente eficiente- .

En estos momentos de mi vida rozo la pobreza, aunque tengo otras compensaciones que han venido a mis días por casualidad, o por manipulación -que se yo-. Desde mi pobreza, en mi pobreza, y en mi estupidez, no puedo hacer, por ejemplo, lo que me dijo mi amigo Elle:

- Miente tocayo. Miente. (al respecto de los resultados de mis experimentos sencillos con la idea CareAgua).

Yo no sé mentir, amigo tocayo, aunque pueda lanzar zalamerías o meteduras de pata de manera alterna. Gracias por tus palabras pasadas.

Como digo, he estado pensando y considero, en mi utopía, que la idea CareAgua debe ser como la idea del Motor de Vapor del siglo pasado. Debe ser algo generalizado que pueda extenderse , mediante múltiples diseños, más allá de los miopes intereses de las multinacionales (miopes en tanto en cuanto solo saben proteger sus intereses antes que fomentar el auténtico desarrollo tecnológico de la humanidad. Tarea que pasa por compartir el conocimiento, antes que por domesticarlo hacia la explotación dogmática e interesada). En el fondo somos muy tontos porque solo nos mueven intereses a corto o medio plazo. Muchos humanos solo piensan en el poder económico -entre otros poderes-, antes que en el hacer en común. Solo se trata del absurdo antropocéntrico de unos sistemas sociales que están cayendo en pérdida ante el absoluto de los estúpido soberbios.

Después de esta perorata auto-justificativa narro brevemente el estado en que se encuentra mi proyecto. Un estado primigenio que se basa en mis limitados recursos , en mi falta de lucidez en la organización de mi tiempo, y en mis dificultades para solicitar ayuda interesada. Fuera parte de que nadie crea en mí, asunto que me suda bastante, tengo más necesidades, y proyectos, más allá de un CareAgua Carenado.
Un ejemplo: Soy pobre y necesito dinero inmediato en la honradez. Para eso tengo que trabajar en lo que sea, y debo posponer estudios y pruebas con el CareAgua (o con lo que sea). No obstante, en mi estupidez inmediata, nada me impide compartir la fase en que me encuentro en el proyecto CareAgua:

En estos momentos estoy buscando la generación de media tensión (11 a 18 kV) mediante un generador de Media Tensión de poca intensidad que me permita regular forma de honda y frecuencia de estimulación, para ionizar el vapor de agua contenido en un recipiente calentado a una temperatura media de 200 ºC.

El propósito de esta fase de mis experimentos es, sencilla e intuitivamente, buscar una frecuencia de 'resonancia de ruptura de vapor', en que la molécula de agua rompa su estructura con una mínima energía , en este caso suministrada con Media Tensión a baja intensidad y frecuencia conocidas, para que el proceso total del motor CareAgua tenga eficiencia energética , o dé más energía de la que ha recibido o necesitado -incluyendo la recuperación durante la deselectrización (tercera parte del motor CareAgua)-.

Es curioso como nunca podré demostrar inteligencia, pero sí podre demostrar ética -siquiera en mi cerebro-. Aún compartiendo este propósito tecnológico con cierto detalle, por si alguien se atreve a desarrollar cosa parecida, pienso continuar mis investigaciones cuando la vida me sonría en dinero, tiempo, salud y lucidez. Es lo más constructivo que puedo realizar ahora en este estúpido mundo en que vivo, aunque yo parezca estúpido exponiendo ideas gratis con autor. Paradojas. También es posible que toda la idea CareAgua sea una estupidez . Solo el tiempo lo dirá. No obstante, solo me interesa el bien de todos, aunque parezca mentira. Y el bien de todos pasa por la tecnología compartida, antes que por la tecnología propietaria. Si funciona, registraré mi diseño, pero cualquiera, si la 'resonancia de ruptura de vapor' existe, podrá implementar su propio diseño (tarea ardua) tal cual se diseñaron múltiples modelos del Motor de Vapor, o del motor de Combustión Interna, a principios del siglo pasado.

Saludos indignados.


7 de octubre de 2013

Godolfredo de Amate

Godolfredo de Amate siempre había deseado ser feliz. Sabía para su desgracia  que su felicidad pasaba por alimentar el amor de su amor, el amor de su compañera. Se sentía pletórico y frágil por ello. Entendía que no era posible ser feliz sin compañera, pues todos los libros de caballería hablaban de ese sino de todo caballero y él, lo deseara o no lo deseara, era un caballero. Esa había sido, es, y será su condición. Un día, muy decidido, envió una carta a su amada pues estaba lejos. Esto decía Godolfredo a su amada:

Amada Ortensia, sé por el procurador que tenéis pensado venir por estos feudos dentro de unos meses. Me gustaría recibiros en la entrada de la casa del alcalde el día de vuestra arribada.
Por mi dedicación hacía vos, os pido por Dios que me confirméis el día de vuestra llegada.

Os ama, Godolfredo.

Un mes después, en su eterna espera de treinta amaneceres -más o menos-, Godolfredo de Amate recibió una carta educada y concisa:

Querido Godolfredo, llegaré el día cuatro del mes de Noviembre. No es necesario que esperéis en la puerta. Enviaré a una de mis sirvientas cuando llegue.

Os quiere, Ortensia.

Godolfredo, entendiendo el mensaje como algo lógico y racional, tomó las breves instrucciones de la breve carta como una ley natural hasta que, en torno al día indicado por Ortensia, apareció una doncella en la puerta de su razonable hacienda. La doncella de Ortensia dijo al sirviente del señor, en este caso al portero, que tenía que dar un mensaje en viva voz , e íntima, al señor. El sirviente , educado en su intriga, decidió seguir las instrucciones solícitas. Así se desarrollaron los acontecimientos.

Él caballero llegó corriendo y en paños menores ante la doncella de la señora. Él quería y deseaba escuchar ansiosa-mente ese mensaje privado. Esto decía Ortensia a Godolfredo desde la buena doncella -en múltiples aspectos-:

- Hola, caballero Godolfredo.
- Hola. ¿Cuál es el mensaje de mi amada? - demostrando una evidente ansiedad perturbada.
- Como usted desee, señor. Me he aprendido el mensaje de memoria...

Querido Godolfredo. La ausencia de respuesta tras mi última carta hacia usted me ha hecho dudar de vuestro auténtico interés. He decidido, ante los numerosos pretendientes de mi persona, emparejarme con su vecino de nombre: Cid Capeador.
Para compensar su necesidad de cariño le ofrezco retozar con mi doncella. Es muy buena en amoríos y podrá usted soltar su libido. Con este regalo espero compensar sus desvaríos cada noche de esta semana.

Os desea lo mejor, Ortensia.

Indignado y en gayumbos le dió las gracias a la doncella, denegó sus apetitosos servicios de zagala maciza, y decidió volver hacia sus menesteres masturbatorios.

Godolfredo de Amate nunca comprendió a las mujeres. Era la cuarta vez que le pasaba lo mismo, y no sería la última. Él fue uno de los primeros hombres que tuvo la estúpida idea de necesitar un manual sobre las mujeres y su lenguaje. Hoy sigue siendo necesario entender que cuando dicen: NO , quieren decir: SI, o NO, según ciertos indicios evidentes. Hoy siguen aturullándose con los machos alfa que después de conjugarlas las dejan tiradas tal cual colillas. Poco ha cambiado en quinientos años y nadie ha editado, aún o que yo sepa, ese necesario manual. Quizás lo intente Constantino Carenado. Quizás lo haya escrito otro ya. Quizás yo no lo sepa en la ignorancia de un caminante que camina. Ignorante.