9 de julio de 2013

Otro Lugar. Otro Tiempo. Igual.


Creo que corría el año 1354. El señor Pantuflas Descubierto se había enamorado perdidamente de una vecina. La quería con locura, visitaba su ventana todos los días, todas las tardes, todas la noches, y cada vez que podía entre esos momentos....Él estaba obsesionado, enamorado, y al revés. Él olía su presencia en la distancia. La olía desde su chata nariz. Y mientras olía, sufría. Todo iba unido en el conjunto de su vida.

Como Descubierto entre descubiertos, nombre de su distinguida saga familiar, no podía ocultar nada. Era transparente, y sería transparente por el siempre de su espacio-tiempo. 

O sea:  Por siempre y jamás (metáfora más conocida).

Su transparencia era la fuerza de su familia y, paralelamente, la debilidad perturbadora de todos sus miembros. Era consciente de su sino y de su corazón perturbado. Estaba enamorado de ella, de sus formas, del vuelo de su pelo, de su caminar, de su dolor, hasta del olor de sus sobacos.La vecina vivía en el barrio desde siempre, y él sabía desde siempre que era una mujer libertina, una mosquita, una buena prostituta. Pese a eso, pese a ello, la quería y la ayudaba todo lo que podía. Estaba enamorado de ella y no se sentía como un paga-vinos. 

El señor Pantuflas Descubierto era un enamorado perpetuo y solo quería aquello que amaba, fuese lo que fuese. Solo amaba aquello que quería, fuese lo que fuese. En este caso amaba a su mosquita y vecina. Amaba sin celo a su querida prostituta. No sentía dolor. Solo necesitaba estar muy cerca de ella. Pantuflas Descubierto era un buen hombre, además de uno más.  No le importaba eso.

2 comentarios:

  1. Mesonero de Los Lagares9/7/13 20:45

    Señor Pantuflas, si vuesa merced vuelve a tocar la zambomba debajo de la ventana de mi hija, le meto una alabarda por el desagüe.

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  2. Anónimo10/7/13 9:31

    "Solo amaba aquello que quería"

    Te cabe Falete

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