2 de julio de 2013

Discurso del sino ajeno



En ocasiones el color de la intensidad supera las emociones del sino. Todo tiene un sino.
En ocasiones, el olor de los pinos estimula la creación del perturbado. Todo tiene un perturbado.

En ocasiones, solo en ocasiones, el dolor ajeno puede ser olvidado desde la contemplación de la naturaleza y la felicidad. Pese a esa circunstancia temporal y deseada , el dolor ajeno existe y debe seguir importando; si alguna vez ha importado en los siglos de los hombres. Pobres hombres esos que deciden por otros desde su ombligo. Hay tantos. Quieren tanto el poder, que han perdido la perspectiva del bien común. Están en enferma egolatría. Pobres perturbados que ignoran su estúpido sino. Un sino que daña al vecino.

¿Cuál es el algoritmo de la felicidad propia y ajena?

Solo puede ser la generosidad y su empatía.

¿Donde están las personas generosas?

¿Por qué perduran las avariciosas con poder, aún?

¡Qué pasa!


Todo es tan extraño. Todo es tan monótono. Que hasta las musas perturban el espacio tiempo del sino propio y ajeno. Que hasta las buenas personas dudan de su ética, o de su moral. Se sienten hundidas.

¿Cuál es el algoritmo de la felicidad propia y ajena?

Solo puede ser el otro e, incluso, la otra. Esa persona que está cerca, y aquella que está lejos. Sed buenos.


2 comentarios:

  1. Anónimo2/7/13 21:26

    "¡Qué pasa!"

    Pos na, aquí andamos

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  2. Anónimo4/7/13 13:00

    "En ocasiones, el olor de los pinos estimula la creación del perturbado"

    El olor de tus pinos más bien estimula la producción de ambientadores de baño.

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